viernes, 26 de junio de 2009

animalitos muertos

A las 10:16, una paloma muerta en Agüero y Beruti, al lado de la entrada para camiones de Carrefour. A las 7:23 un ratón muerto en el medio de la vereda de Austria y Juncal. Los dos estaban enteritos y bien conservados; recién muertitos.
A Eli le dio mucha risa el ratón, pero no fue suficiente para cortarle el hipo. Enseguida oímos cómo un perro ladraba con ladridos cortitos y agudos. Y a Eli le salió otro hipo, igual al del perro. Nos reimos mucho más, corriendo en la noche fría, con un cuarto menguante sucio.

martes, 23 de junio de 2009

zapatos y terremotos

Cada vez que me calzo tengo el mismo pensamiento. Lo que no es poca cosa, ya que esta idea recurrente me persigue desde hace casi treinta años. Por casi toda mi vida. Unos diez países, la misma cantidad de casas, muchos barrios, ideologías...
Estoy por ponerme dos medias y dos zapatos. ¿Qué es mejor? ¿Ponerme la media izquierda y después la derecha, seguir con el zapato izquierdo y luego el derecho? O: media izquierda, zapato izquierdo, media derecha, zapato derecho?
Porque si viene un terremoto justo en ese momento: ¿es mejor estar en medias o con un pie listo y el otro completamente descalzo?
Cuando tenía como 11 años, un verano en Ezeiza, entraba en el debate si debía o no atarme las zapatillas durante el proceso o una vez que estuvieran los dos pies calzados. Varios años más tarde me di cuenta de que era más práctico correr con los cordones desatados que renguear con una zapatilla sí y la otra no. Además, si había vidrios rotos en el camino, no los pisaba. Eso sí: cuidado con pisarme los cordones.


Todo empezó cuando tenía casi 2 años y medio. A las 6 y 23 del 23 de noviembre de 1977. La tierra se despertó, se desperezó, se retorció, se levantó y brincó durante 55 segundos. Se derrumbaron los techos, brotó agua caliente de la tierra y se doblaron las vías del tren. En Caucete. En mi casa, a cientos de kilómetros de distancia, en un quinto piso, mi madre se despertó con el tintineo de los frascos de perfume que mi abuela guardaba en el ropero. Y de los cristales de la araña que colgaba del techo. Estaba bastante embarazada. Yo me desperté asustada porque todo bailaba y la cuna de mi hermana había rodado hasta la puerta, para trabarla.
Ellos trataban de entrar en nuestro cuarto, pero no podían. Al final no sé cómo hicieron, pero recuerdo una corrida de a cuatro por el pasillo, y gritos por las escaleras. Mamá decía: un piso más, un piso más, un piso más, hasta la vereda.
En la calle, todos los vecinos en camisón. Qué excitación! Terremoto, terremoto, terremoto. Todos decían esa palabra que yo nunca había oído antes. Era como una fiesta: toda la gente junta y en piyama. ¿Todo por un tipo con una moto que hacía ruido en la vereda?
Nos subimos a un taxi, papá se quedó en la vereda, seguro se fue a trabajar en piyama, y nos fuimos a la casa de mi otra abuela, porque la que vivía con nosotros estaba en España. Yo le conté de la moto, del terremoto. Si me hubiera escuchado, no habría entendido nada.



Caucete a 29 años del terremoto: El pueblo que puso el alma para levantarse



La duración fue de 55 segundos y se sintió en 1.800.000 kilómetros cuadrados.



El terremoto de Caucete del 23 de noviembre de 1977 comenzó a registrase en la Estación Sismológica Coronel Fontana del INPRES, la más cercana del epicentro a las 6 horas, 26 minutos y 37 segundos. La intensidad máxima fue de 9 grados en la escala Mercali Modificada y la magnitud fue de 7,4 Richter. El epicentro fue ubicado en la ladera noreste de la Sierra de Pie de Palo.

El terremoto no fue uno de los de mayor magnitud ocurridos en el mundo, pero presentó una serie de características especiales que lo hacen muy particular.

El sismo fue de gran duración y los registros obtenidos muestran que durante 55 segundos el suelo se movió intensamente respondiendo a un evento múltiple, es decir varios movimientos sísmicos. El área donde se produjeron fenómenos de licuefacción (brota por las grietas agua caliente y arena) de suelos fue muy extensa.

Hasta el terremoto de Caucete este fenómeno se había producido en Japón como consecuencia del terremoto del 16 de junio de 1965. Sin embargo, el área abarcada era pequeña.

El informe Preliminar del INPRES sobre el terremoto explicó que deberían revisarse las teorías sobre la manifestación de este fenómeno, porque abarcó un extenso territorio a pesar de que la intensidad del movimiento no fuera tan intensa como en el epicentro del sismo.

Otras de las características diferentes fue que el terremoto fue sentido en un área de alrededor de 1.800.000 kilómetros cuadrados, llegándose a sentir en Capital Federal con una intensidad superior a III grados de la escala Mercalli Modificada.

El fenómeno natural provocó el derrumbe de viviendas, el hundimientos de parrales, la rotura de los canales de riego y de rutas. En diferentes lugares se doblaron las vías del ferrocarril, llegándose en algunos casos a las roturas de las mismas. En las Sierras de Pie de Palo, especialmente en el sector este, se produjo deslizamiento de rocas. E.S.M.P.


Mil vendimias de amor condecoran tu linaje de pueblo capaz, al vencer terremotos de dudas con castillos de amor y de paz. Generosa y fecunda tu tierra, que bendice el río San Juan, alimenta la fe de aquel hombre que en tu suelo forjó su soñar.

Yo te nombré Villa independencia entre viñas y sauces en flores la madre de toda esta historia que circunda a la Villa Colón, visionarios del tiempo plasmaron este sueño de vida que hoy, a la sombra del gran Pie de Palo, es Caucete, Ciudad de esplendor.

Veinte y nueve años han pasado de aquella mañana clara, que a las seis y veintitres se hiciera mañana negra, cuando envidioso el destino de tanta paz solariega mandó ese brutal azote capaz de herir a cualquiera, azote que se sintió y herida que quedó abierta, sangrando chorros de vida, de ilusiones valederas.

Dejando que cada techo que cobijaba querencias se desplomara impiadoso dejando mentes desiertas, qué difícil entender, qué pregunta sin respuesta, cuánto dolor, de repente verle el rostro a la impotencia, pensar hoy que se tiene todo, una familia, un hogar, mañana no tener nada y llorando alguna ausencia.

Pero el destino envidioso escapó en su puntería, golpeó donde pudo, pero no donde debía, porque de esa profunda herida que aún duele todavía, salió ileso el corazón que latiendo seguiría. Corazón llamado pueblo que puso el alma y la vida, disimulando su llanto, escondiendo su tristeza.

Porque si Dios lo eligió para esta tan dura prueba, será que el Señor sabía que le sobra entereza, y dispuso sacudirse el polvo que le cubría porque en el suelo estaba, pero vivo todavía, basta de gestos penosos, ponerse de pie, había que caminar, demostrar que se podía, una oración esbozó mirando a los cuatro vientos

Había lo principal en esta nueva aventura, dar fe, consuelo, esperanza a quienes allí se quedaban y a sus muertos con dolor muy cristiana sepultura. Y comenzó la tarea, había que trabajar, hombres, mujeres y niños, todos cada uno a su manera, sin ninguna mezquindad, de este pequeño pueblo se haría la gran ciudad.

Nuevas calles comenzaron a surcar terrenos vírgenes abriendo huellas de vidas. Veintinueve años ya pasaron de aquel terrible flagelo, Caucete ya esta de pie, sigue creciendo, su gente es paz y trabajo y aunque duelan los recuerdos, su profunda fe cristiana le permite seguir creyendo.

Por Dante Saavedra. Poeta de Caucete.
|| Fuente: (EL Zonda - San Juan)