domingo, 28 de marzo de 2010

Domingo de Ramos

-Ma, mañana tengo que ir a misa -dijo Elías y me dejó boquiabierta. Mis padres se sonrieron, mis hermanas se burlaron de mí.
-Y bueno, vas a tener que llevarlo -me dijo mamá contenta -no vas a querer que sea el bicho raro de la clase. Además tenés que ser coherente: si lo mandás a un colegio parroquial tenés que hacer esas cosas.
-Si, ya sé, ya sé, pero no lo mando a ese colegio por la religión. ¿Y si no vas qué pasa? -le pregunté a mi hijo -porque es más importante ir en Pascua, y mañana no es Pascua.
-No Ma, en serio, hay que ir. No sé qué pasa si no voy pero tengo que ir.
-Seguro que no tenés idea de dónde hay una iglesia en tu barrio –mamá cree conocerme.
-Sí, cómo no voy a saber. Tengo la armenia a media cuadra.
-¡Pero la armenia es otra religión! –todos casi a coro. ¡Se llevan tan bien cuando están en mi contra!
-¡Qué tiene que ver! Dios es Dios es Dios es Dios. Además es mentira porque tienen fotos de Dios y la Virgen.
-Cecilia, es otro culto y la misa dura cuatro horas –mamá sabe mucho de este tema porque estudió religiones comparadas.
-Eso es imposible: no tienen material para llenar cuatro horas, mamá.
-¡Qué no! Cantan y cantan y cantan.
-Bueno, pasamos un rato.
Así que esta mañana, con la boca seca como si estuviera masticando un suéter viejo y apolillado después de una noche de pesadillas de Elías (ya no sólo lo asustan los tornados y los huracanes, sino que después de la hora del planeta tiene miedo de que se destruya la Tierra) -que venció viniendo a mi cama y hablándome durante una hora entera-, de fiebre de Dingdong -que no quería venir a mi cama y me tuvo rascándole la espalda en la suya otra hora entera- y de reclamos del gato -que no se espantaba con mis manotazos cada vez que saltaba sobre mi almohada- nos vestimos y esperamos a que sonaran las campanas de la iglesia de la otra cuadra. A las diez y minutos caminamos bajo el solazo desfasado de las diez de la mañana. Más que un domingo otoñal parecía un jueves de verano, al mediodía. Cruzamos la calle y llegamos a la iglesia. No había señales de vida: en la vereda faltaban las señoras que venden ramos de olivos todos los años; adentro del templo estaba sólo el diácono y mientras esperábamos mirando los caracteres armenios (Elías me preguntaba qué decían sin escuchar que no leo armenio), llegaron dos parejas que sumarían un poco más de quinientos años entre las dos. No nos espantó la diferencia de religión pero sí la falta de movimiento. Y nos fuimos a buscar otra iglesia.
Caminábamos por Honduras, Elías colgado de mi mano.
-A las once y media es la bendición de ramos en Uriarte y Soler. A las once y media es la bendición de ramos en Uriarte y Soler -decían dos parlantes enormes instalados sobre el techo de un auto azul que la semana pasada anunciaba la llegada de un circo.
-Nunca vi auriculares como esos, Ma.
-No son auriculares, son parlantes.
-Ah, igual, nunca vi.
-A veces pasan con avionetas y dicen cosas.
-¿Las escriben en el cielo o les pegan papeles a los aviones?
-Les pegan carteles o también pueden decirlo por altoparlantes.
-Nunca vi eso tampoco.
-A las once y media es la bendición de ramos en Uriarte y Soler. A las once y media es la bendición de ramos en Uriarte y Soler.
-¿Pero qué les pasa loco? ¡Ya lo dijeron!
-Sí, pero querrán que todos se enteren.
-¿Y para ir a esta otra iglesia tenemos que seguir el rastro del auto de los auriculares?
-No, yo sé dónde queda. Espero que lleguemos al principio o al final de la misa.
-¿Por qué? ¿Qué pasa si llegamos en la mitad?
-No, nada. Digo que ojalá no lleguemos entre dos misas y tengamos que esperar mucho.
-Ah, sí. ¿Pero nos vamos a quedar toda la hora entera?
-¡No! Sos muy chiquito; vamos a misa como te dijeron en el cole pero nos quedamos un rato. Pero vamos eh.
-Bueno.
En esta iglesia tampoco hay las señoras que venden ramos pero sí mucha gente. Cuando entramos están todos cantando “Cordero de Dios” con guitarras acústicas. Muchos llevan ramos de olivos, todos rezan. Después viene la comunión y le explico a Elías que van a comer la hostia. No sabe qué es y trato de explicarle sin acercarme a afirmaciones en las que no creo. Después el cura dice que los ramos no son talismanes y que la bendición se va a hacer a las once y media en la plaza de Uriarte y Soler para hacer una demostración de nuestra fe, que todo el barrio de Palermo sepa que somos cristianos. Nosotros seguimos sin tener ramos y le pregunto a Elías si quiere que lo lleve a la bendición en la plaza o si ya está.
-Ya está.
-¿Seguro? Porque te puedo llevar; es en cuarenta y cinco minutos.
-Seguro. Ya está. Dijeron que había que ir a misa y ya fui a misa. ¿Cuántas cuadras faltan para llegar a casa? ¿Cuando lleguemos querés jugar a la wii conmigo?
-No, podés jugar después de almorzar. Mirá, ahí está el auto de los altoparlantes.
Caminamos tres cuadras por la vereda de la sombra y Elías me pregunta cómo hacen los mosquitos para transportar enfermedades. Le explico bien, gracias a que vi un documental en Animal Planet que decía que los mosquitos son los animales más mortíferos del planeta, por la cantidad de enfermedades que diseminan. No le doy este dato porque es un excelente tema para sus pesadillas.
-¿Y los dengues cuándo llegaron a Buenos Aires?
-Y… el año pasado.
-No; fue en el 2008.
-Ah, cierto.
-¿Y todos los mosquitos son dengues?
-No, y no son dengues; son mosquitos rayados que tienen un nombre como Aeon Egiptis, algo así, que transportan el dengue.
-Ah, creí que eran mosquitos que tenían letras y números.
-No, esa es la gripe.
-Ah, cierto… -se ríe un poco y yo también. -¿Y qué es más grave? ¿La gripe o el dengue?
-Mmmmmm… el dengue.
-Para mí la gripe.
-No. El dengue. –Tampoco le explico lo que puede hacer el dengue porque no necesito más motivos para no dormir de noche.

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