domingo, 30 de mayo de 2010

corazón de zombi

hoy el mundo es gris

y chorrea.

el hombre estuvo buscando el pasado

sentado frente a su pantalla blanca

tan solo entre tantos colores

aturdido entre tantas ideas

y entre tanta oscuridad.

una noche manejó entre selvas

de llamadas privadas y estática

vistiendo un chaleco de la dea

mientras fumaba mariguana

para bajar la nota de la cocaína

que le había permitido llegar al fondo del día.

pero no es ese pasado el que busca.

tampoco esa tarde de bosque

y de ermitaño

que pronunció su nombre como no supieron

sus padres

y sin sospecharlo le devolvió su identidad.

lo que el hombre busca

mientras anochece sobre su terraza

mientras sube la marea bajo su ventana

es algo que había olvidado

que estaba dormido

detrás de la hiedra

por culpa de la hierba.

cree que lo busca porque quiere volver

yo digo que lo busca para poder olvidar.

viernes, 28 de mayo de 2010

en la basura



Se lava los dientes con el cepillo que él usó hace un rato nomás y se mete en la cama, entre las sábanas arrugadas, entre su ropa revuelta, entre lo que ahora sabe que son las cosas que añora. Apaga la luz. Antes de cerrar los ojos, lee los nombres de los libros que están apilados junto a la cama. Cierra los ojos. Vuelve a abrirlos por un segundo. Se da vuelta y se acurruca donde hace media hora estuvo la axila de Felipe. Imagina que sigue ahí y que ella puede esconderse en su hueco y se duerme. Los libros la miran, tristes, mientras las gotas de lluvia bailan en las macetas, acarician las flores del malvón y se funden, risueñas, con la tierra.

miércoles, 26 de mayo de 2010

algunas instrucciones

decile muchas cosas tiernas

y algunas obscenidades

asegurale que es la única

y si te das cuenta de que no te va a creer semejante hipérbole

decile con voz dulce

que para vos es la primera.

tratá de no mentirle,

porque se va a dar cuenta:

ella siempre se da cuenta de las mentiras.

si no te lo hace saber es porque prefiere el juego.

simulá ser importante

y pretendé también que ser importante no te afecta

que te divierte

pero no cuando estás con ella

porque ella es la importante en esta relación.

celala. aunque es probable que tu enojo le moleste,

va a sentir que no podés vivir sin ella

que pensás en ella al despertar

al trabajar

al comer

al coger

cuando te sentís solo.

decile que soñás con ella

y que tu futuro es ella.

que querés cuidarla cuando esté enferma

y abrazarla cuando esté triste

que te gusta hacerla reír

y que ella te hace reír mucho

tanto

que no querés tenerla lejos.

después, cuando llegue el día

en que te diga que es tuya

desde siempre

y para siempre

no le des un portazo en la cara

pero tampoco des vueltas:

ella va a entender

porque es grande

que lo tuyo era un juego

un rato

un momento.

eso sí:

no te olvides de decirle

que fue el mejor juego

el mejor rato

tu mejor momento.

 

 

 

milena caserola tiene buena onda

esta editorial que dice no ser una editorial pero que sí lo es

martes, 25 de mayo de 2010

24 de mayo

Son vacaciones: vamos por el tercer día del fin de semana del bicentenario de la Revolución de Mayo y todavía queda un día más. A pesar de la lluvia salimos, paseamos, nos visitan amigos. Y estamos relajados como si fuera navidad pero sin la obligación de festejar nada. Sobra el tiempo: yo llegué al fondo del tacho de la ropa sucia que ahora, convertida en ropa limpia, atiborra el tendedero de la terraza. También terminé La montaña mágica y me tomé mi tiempo para elegir de entre la pila de libros que espera sobre la mesita; en el medio leí poesía y ordené mi ropero.
Los chicos acaban de volver de pasar la noche en la casa de sus abuelos, de pasear por el centro, de ver la Catedral donde está enterrado San Martín y el Cabildo y las veredas angostas de las calles viejas, como dice Elías. Y mientras cocino un guiso de lentejas que final e inexplicablemente quedará amargo, los chicos arman en su cuarto dos casas para sus ositos.
-Este camión es el microondas, la isla de los piratas es el horno y la tapa de la caja de los legos es la radio –me muestra Elías. Acostó a cuatro osos en su cama, están tapados con su colcha, y puso cuatro vasos de plástico sobre un repasador blanco, también sobre la cama. Dingdong hizo algo parecido, pero en lugar de acostar a los osos los recostó contra sus vasitos, cada oso tiene la cabeza metida o apoyada en un vaso, sobre su camita.
-¡Mamá! ¡No es una radio, es una tapa! –Dingdong exige desesperado que rectifique el error. Elías, con su paciencia de hermano mayor, le explica que está jugando a que es una radio, con su imaginación.
-¡No! ¡Mamá decile que es una tapa! –Dingdong reclama más fuerte; parece asustado. -¡Es una tapa es una tapa es una tapa!
-Es una tapa, Dingdong, calmate.
 -¡Pero es la radio de los ositos! –se queja Elías.
-¡No, es una tapa! ¡Mamá decile que es una tapa!
-Dingdong, es una tapa pero Elías está jugando a que es una radio. ¡Igual que vos estás jugando a que los ositos toman la leche!
-¡Pero los ositos toman leche de verdad!
-¡Noooo! –dice Elías con un dedo en alto. –Toman leche con el poder de tu imaginación.
Explico un poco mejor, de otra forma o repito las mismas palabras para terminar el conflicto antes de que empiecen a volar trompadas y a clavarse uñas.
-¿Quieren que les traiga una jarra para que les sirvan leche a los ositos? –y vuelvo a constatar que el guiso es una mierda. Pero no: milagro navideño o del bicentenario, no está feo sino que yo venía de comer otra cosa. Así que elijo tápers, descarto lo que no tienen tapa, vuelvo a buscar otros y separo el guiso en los envases y los guardo en el freezer entre el pescado, los bollos de pizza olvidados y las cubeteras vacías. Pienso que nadie me imagina haciendo estas tareas domésticas, ni mi madre, ni mi hermana, ni los compañeros de trabajo que piensan que mis hijos no existen, sino que son inventos de mi mente perturbada. Argentina golea a Canadá cinco a cero y pienso si habrá una cantidad limitada de goles para cada país y si no será malo que nos estemos gastando tantos en un partido amistoso contra ¡Canadá! En el mismo orden suelo pensar si en año nuevo del ‘69 la gente gritó feliz año nuevo y se dedicó a hacer el 69. Yo creo que sí pasó eso y se lo dije a un tipo el otro día mientras pagaba la cuenta de un bar, que sumaba 69 pesos, y él comentó esperando verme sonrojarme que era un buen número y no pude resistirme a compartir mi pensamiento sobre el año y el que terminó rojo fue él.
Mientras cargo los tápers vuelve Dingdong y se cuelga de si suéter negro. Se agacha y mete una manito por adentro de mis botas, que está forradas con piel y le gustan.
-¿Usaron un conejito para hacer tus zapatos, o un gatito?
-Ninguno, es peluche de mentira.
-¿Entonces usaron un osito?
-No mi amor, hicieron lo peludo para las botas, no le sacaron la piel a nadie.
-Yo tengo dos años.
-Sí, y en poquitos días ya cumplís tres.
-¿Cuando sea el casamiento de Angelita?
-No, un día antes. Y vamos a hacer una fiesta en casa.
-No quiero que me visiten mis amigos; sólo quiero que me visite Gastón.
-¡Y también vamos a invitar a tus tíos que te van a traer regalitos! ¿Qué querés que te regalemos nosotros?
-Esos autos que disparan ¡pum! y que uno es bueno y el otro malo y hay que matar al malo.
-¿Dónde los viste a esos autos? ¿En la tele, o los pensaste?
-Los venden muy cerca de mi cole.
-Ah… cuando te lleve al colegio vamos antes y me los mostrás, ¿sí?
-¿Y me los comprás? Pero tenés que tener un millón de platas.
-Te los compro para tu cumpleaños. ¿Salen muy caros?
-Sí, tenés que llevar muchísima plata. Un millón de platas.
-Bueno, llevo mucha plata entonces.
Dingdong se ríe y salta, y decido que le voy a comprar los autos que quiere, aunque los venda el viejo de la esquina que pone juguetes viejos a precios altísimos. Tengo que poder gastar demasiado en dos autitos para el cumpleaños de tres de mi hijo menor, ahora que trabajo tantas horas y no puedo buscarlo en el colegio y la semana pasada lloró cuando lo buscó Angelita porque nunca lo había buscado su mamá y tardaron mucho tiempo en consolarlo.
En el cuarto de los chicos, la radio que es la tapa de la caja de los legos canta y el microondas que es un camión amarillo anuncia que la leche imaginaria de los ositos de juguete está lista.

viva la patria!

lunes, 24 de mayo de 2010

buscando a dios


llegó a la isla justo después de un huracán
esperando selvas verdes
como esmeraldas
como sapitos
y se encontró con un monte pelado
hecho jirones
hecho desierto.
escaló y escaló
dentro de un parque nacional
trepó y trepó
porque había leído
que en la cima de esa colina
vivía el dios de la felicidad
y que quien subiera
hasta la punta de la torre antigua
herrumbrada por el musgo
lo conocería.
creyó la leyenda
- qué podía perder?-
y cuando llegó agotada
se asomó al vacío
olió la bruma
creyó sentir la espuma del mar
esperó algún sentimiento
una sensación de plenitud
o de cierta calma al menos
quizás una carcajada
o una cosquillita.
escuchó, buscando en las nubes los pasos de las olas
las pisadas de un cangrejo en la playa
el batir de las alas de una libélula
o el sabor de la sal en sus labios
pero no sabía qué buscar
pues nunca había visto a dios.
cuando el sol comenzó a bajar
herido
cansado
tomó unas fotos
de la vista
repleta de palmeras rotas
de casitas sin techo
de raíces apuntando al cielo
y bajó a su mundo
donde todavía debía pasar por el mercado
comprar leche y café
y quizás un chocolate.

chicasudaca


si se me acaban las ideas de cosas para escribir, voy a empezar a dibujar

sábado, 22 de mayo de 2010

sábado

a los quince minutos de haber decidido
pasar el primer día del fin de semana largo en casa
relajarnos
y dejar que llueva
nos damos cuenta de que el plan fue un error.
los chicos se trepan
por las paredes
por el sillón
a la heladera
los chicos se pelean
por las paredes
por el sillón
contra la heladera
arriba mío
aunque esté sumergida en un baño hirviente
cubierta de vapor
aunque esté durmiendo la siesta
encienden la tele
y mientras dormito sueño
con toot y puddle
buscando fósiles en niger.
también sueño
con hans castorp y clavdia chauchat
que soy su hija sorpresa
y todos paseamos por la alta montaña
donde comemos nieve y moras.
a la tarde
casi de noche
vamos al café del barrio
que parece haberse puesto de moda.
dos colombianos me miran
para cederme su sillón
y dingdong se toma
sus restos de café.
cuando vamos a la plaza
(a matar mosquitos)
es de noche y el cielo
tiene manchones magenta
está oscuro y los mosquitos
y todas las hamacas ocupadas.
en el supermercado
una niña se ha perdido y llora
histérica reclamando a su padre
que está parado a su lado.
en la cola de la caja
con una mujer decidimos
que no vamos a pelearnos por el puesto
y cuando nos sonreímos
me pasa una receta para hacer mermelada de caqui
y yo ni recordaba que el caqui era una fruta.
ahora tengo que terminar el libro
a ver si se me pasa de una vez la tos
que me tiene sin voz
soñando febril
que las cavernas de mis pulmones tiernos
me llegan a la garganta
y me atraviesan el corazón.

viernes, 21 de mayo de 2010

noches de bar (dos)

Cuando Juno olía a Be sabías que era noche de bar. Además del perfume cítrico habría plataformas, pantalones violeta a la cadera, probablemente una boa de plumas y el ombligo a la vista, un ombligo largo y finito como el filo de una uña. Juno nunca estaría sola en una noche de bar: iría con Cora, en sus zapatillas verdes y sus jeans rotos, y con Lili, enfundada en su campera de cuero celeste.
Después de la medianoche las tres esperarían el colectivo, en ese conjuro universal para atraer colectivos: tabaco, fuego, colectivo. Uno, dos, tres. Juno, Cora, Lili. A, B, C. Triángulos perfectos, las tres marías, una estrella de tres puntas, dinámica indivisible más que por cada uno de sus miembros o por el total.
Cuando llegara el colectivo, las tres lo llenarían de expectativas, de risas, de noche. Y molestarían un poco al pasaje de trabajadores cansados, estudiantes dormidos, insomnes podridos. Igual las tres buscarían en los asientos alguna respuesta en unos ojos. Aunque no tuviera sentido. Porque ellas no se imaginaban sus destinos, ni podían verlos, porque en esas noches de bar sus destinos estaban tan lejos o tan cerca, demasiado lejos o demasiado cerca para poder verlos.
Todos tienen varias posibilidades de destinos, varios finales, y Cora se tropezó varias veces con ellos. Con uno, en una noche de bar, pero no se reconocieron. Con otro, una tarde de isla, y justo miraron los dos para el mismo lado y no pudieron verse. Una coronilla es una coronilla es una coronilla, y ella no lo reconoció a él. Juno, en cambio, después de pedirle fuego al suyo le derramó una cerveza en la espalda, sin querer. Él no se dio cuenta, de tanto calor y de tanto humo que había, y ella se hizo la tonta y siguió su camino, e hicieron falta como una década y tres destinos truncos más, tres caminos recorridos hasta el final cerrado, hasta el cul de sac, hasta el dead end, para que volvieran a encontrarse y esta vez se vieran. El destino de Lili estaba en un avión, en muchos viajes por el aire, en otros países donde siempre buscaría y donde siempre encontraría lo que buscaba, que cambiaba tan seguido, y vivía satisfecha de haber encontrado su pelusa azul en la torre Eiffel en 1999, su bolsa perfecta en el pasaje subterráneo de debajo de la 9 de Julio en 2001 durante una manifestación, su hombre especial en el norte de África en 2005.
Al llegar al bar le darían un beso al bouncer, sería el gordo Flash o el enano santiagueño campeón de box peso súper pulga, Flash le regalaría a Cora un chocolate Dos corazones y ella le leería el poema cursi que a él siempre le gustaba y ella era suave y no se burlaba. Adentro ya estarían Kika, Feli, Chita, Andy y el resto de los clientes habituales, todos con su ropa rota, desteñida y gastada, como cucarachas contra los oficinistas que aunque el happy hour hubiera terminado horas antes no atinaban a abandonar el after office y lidiaban con sus trajes, sus bolsos con computadoras y sus borracheras.
Cada vez que uno más del grupo cruzaba las cortinas pesadas de la puerta, los demás saltaban a saludarlos y aunque no sabían sus nombres verdaderos, los que a cada uno le habían puesto sus padres, esos que están en los documentos, era como si se conocieran desde siempre y no necesitaban organizar las citas porque todos lo sentían cuando era noche de bar, era como si escucharan un llamado mudo, como si vieran la luz de los Thudercats iluminando el cielo porteño con su forma roja de cara de gato.
-¿Vamos a dar una vuelta? –le grita Chita a Cora. Ella no lo oye porque la música está fuerte y ella baila parada sobre una de las mesas del fondo. Se agacha para oírlo. –Que si vamos a dar una vuelta.
-¡Dale! –Cora no puede decirle no a Chita; ni loca le diría no a Chita. Así que se deja conducir por él hacia la puerta, su mano helada en la suya tibia, y antes de salir al frío él la empuja contra la pared del pasillo que conduce al baño y la besa: primero en la boca, después en el cuello.
Chita no es alto, sino del mismo tamaño que ella. Es morocho y con ojos como carbones humeantes, y a Cora eso le gusta. En la calle caminan una cuadra en silencio, lado a lado. Después de cruzar, Cora da un saltito y se ubica un paso delante de él, se da vuelta y camina hacia atrás, cosa de seguir avanzando mientras lo mira y le habla. "¿Y a dónde vamos? ¿Un ratito a la plaza? ¿Nos trepamos al árbol? Tengo ganas de colgarme de una rama como un monito". Está nerviosa, divertida, le gusta la conquista. Con el frío y los nervios Cora tiembla un poco, y la plaza huele a las flores del gomero cuando están aplastadas contra el cemento y la tierra. La plaza huele a humedad dulce, la noche huele a estrellas. Mientras Cora se trepa a la rama más baja apoyándose en las manos de Chita, el motor de un auto interrumpe el silencio y el canto de dos grillos. Cuando ya están ubicados en la rama, Cora recostada contra el tronco y Chita sentado a su lado, con la mano descansando en el muslo de ella, empiezan a fumar. No hablan hasta que una mujer con un tapadito cruza la plaza.
-¿Qué hará callejeando a esta hora?
-Lo mismo que nosotros. Hay gente que no puede dormir.
-¿Aunque sea una viejita con un tapadito que estrenó en 1952?
-Fue más por el 60 te diría. Si fuera del 52 sería celeste.
-¿Como la bandera?
-Y la escarapela. Siempre me cayó bien la escarapela.
-A mí siempre me gustó mirar las ventanas, de noche. Hay pocas con luz.
-Allá, dos, y esa otra. Y muchas con rayos catódicos.
-Creo que no se llaman más así.
-Pero vos me entendés. Siempre me entendés, ¿no?
Y Cora le sonríe un sí y tira la colilla disparándola con la uña del índice, que tiene mal pintada de rojo con brillitos.
-¿Viste vampiros alguna vez?
-No nena, si no hay.
-Qué no...
-¿Vos viste?
-No, porque me hice la dormida. Pero vinieron a buscarme.
-What?
-Anoche. Yo estaba durmiendo... en realidad estaba despierta, justo me había despertado después de un sueño raro y oí un tic tic tic.
-¿Tic tac de reloj?
-No, Chita. Dije tic tic tic, de uña larga contra el vidrio. Contra una de las ciento veinte dos ventanitas de mi cuarto.
-Estarías soñando.
-No. Te juro que no y sigo un poco asustada. Era un vampiro. No. Eran dos vampiros.
-¿Cómo sabés? A que ni te animaste a correr la cortina.
-¡Obvio que no! ¡Si me veían me llevaban!
-¿Y cómo te van a llevar? ¿Volando?
-Ay no jodas Chita. ¡No jodas! Qué se yo cómo me iban a llevar. Pero supe que habían venido a eso. Así que me hice la dormida, respiré profundo como si estuviera soñando, hasta que no hubo más tic tic tics.
-¿Y después qué hiciste?
-¿Cómo qué hice? Seguí durmiendo, qué más voy a hacer.
-No sé... despertar a alguien... ¡llamar a la policía!
-¿Para qué?
-Para que te salven, seguro era un hombre araña.
-¡No jodas Chita! ¡Eran vampiros!
-Yo te adoro.
-¡¿Qué?!
-Me oíste. No seas mala conmigo.
-Nunca. Nunca. Te lo prometo.

Una hora más tarde, trece minutos después de que la viejita del tapadito rojo vuelva a cruzar la plaza en dirección inversa a la primera vez, ven pasar a la pandilla y Chita les tira una zapatilla. 
-¡Eh! ¡¿Qué hacen ahí arriba par de monos?!
Chita se descuelga de la rama y ayuda a Cora, que se da vuelta para terminar de abrocharse los pantalones.
-¿A dónde vamos?
-A bailar. Que ya son las cuatro. ¿Vienen, o se quedan haciendo monerías en el árbol?
Cora y Chita se ríen y se unen al grupo que se aleja por la plaza, charloteando y gritando, sabiendo que la noche les pertenece y que ellos le pertenecen a la noche. Y en una ventana la luz de un televisor se apaga.
  


martes, 18 de mayo de 2010

La ficción existe

Creo que me interrumpí porque ya estabas agitando los brazos para contarme otra historia más divertida, que de alguna forma extraña y desconocida se encadenaba con lo que veníamos hablando. Me reí porque ya sé que no se te puede callar cuando te echás hacia atrás en la silla, mirás para arriba y levantás los brazos y lanzás algún disparate del que te reís solo y que indefectiblemente termina conmigo sonriéndote y con vos mirándome con cara de tonto.
Pero recién me acordé de lo que quería contarte y es importante. Venía al caso; en ese momento, anyway.
Que cuando ya era grande, tendría veinte y también más, me despertaba en medio de la noche asustada, atenta. Oía golpecitos como de uñas en los vidrios de las ventanas y sabía que eran uno o dos vampiros que estaban ahí, esperándome, flotando en la noche helada. Me hacía la dormida, porque pensaba que si veían que dormía y no lograban despertarme se cansarían y se irían.
Eso me pasó durante varios años, en distintas casas, y siempre eran los mismos dos que venían a buscarme, como esos viejos amigos que te llaman y que si ven que no es el momento te esperan hasta que te llegue la hora o la realización (¿existe esa palabra en castellano?) de que es con ellos donde pertenecés. Vienen con mal timing, en momentos en los que pensás que son malas influencias, pero esperan porque te conocen y saben que te vas a dar cuenta, un día u otro, de que te producen rechazo únicamente porque son idénticos a vos.
La noche es larga. La ventana está helada. Oigo el clic clic clic y la abro. Mi pelo se vuela y tu voz vieja me dice: "qué bien que te lo dejaste crecer. Ahora está mejor".   

domingo, 16 de mayo de 2010

yes

que soy una más en la fila 
la última en la procesión
que por esperarte estoy desvelada
y voy a quedarme dormida
para llegar tarde a mi día
que una vez más
hoy no vas a alcanzar a besarme
ni siquiera por celular
pues
a mí no me importa
porque
mañana vas a estar
besides,
i already told you
i am here for the ride.

Viernes a la noche


Viernes a la noche. Elías y yo vamos en colectivo a un concierto. Vamos a ver a Medeski Martin & Wood en el Coliseo. Vamos porque la banda que abre es una en las que trabaja su papá, y él puede ir esta vez, esta vez que es un teatro y no en un bar. Elías no está acostumbrado a salir de noche, menos a ir a conciertos. Mientras esperamos el colectivo está excitado, canta en la calle, salta y no se queda quieto. En nuestra parada, detrás nuestro, sube un vendedor ambulante. Es idéntico a Johnny Depp, versión subdesarrollo: además de ser igualito, parece él también un pirata. Pero le faltan un par de dientes y tiene un poco de cara de loco. Y parece todavía más un pirata.
No empieza a vender enseguida. Espera un poco, a que suba más gente. Y cuando ya vamos bastantes, cuando su audiencia ya tiene un número importante, saca de su bolsa paquetitos de sahumerios que va entregando a todo el que quiera recibirlos. Explica, moviéndose y haciendo todo tipo de expresiones, que él es una de las tantas personas que no consiguen trabajo y que para poder mantener a su joven familia se le ocurrió poner siete sahumerios en una bolsita, uno para cada día de la semana, las bolsas traen variedades surtidas, y entregarlos. ¿El precio? El que salga de tu corazón.
Elías lo sigue con la mirada, preocupado. Le digo que no tengo cambio y que por eso no le vamos a comprar. Me pregunta cuánto le van a dar por los sahumerios y veo que la chica que está parada al lado nuestro le da dos pesos por la bolsita. "Dos pesos está bien, ¿no?" me pregunta mi hijo, que desde hace días, cuando vimos a dos cartoneros esposados a su carro y con cincuenta policías alrededor y yo dije pobres pibes y le expliqué que ser cartonero no es un trabajo como el mío o como cualquier otro, sino que cirujean para poder comer, y que la vida del pobre es dura, y él me pregunta a cuánto les compran el cartón, y que ojalá venga un señor con mucha plata y les dé trabajo, o que les pague mucho por sus cartones, y que por qué no tienen trabajos normales, y yo no sé cómo explicarle sobre los excluidos.
-Dos pesos está bien, ¿no?
-Me parece que sí.
-¿Y él está pidiendo porque es pobre?
-No; él es artesano y está trabajando.
-Ah, qué suerte que tenga trabajo.
-Sí.
Bajamos del colectivo y la noche está fría. Siento que estoy yendo a bailar al Living con Nina Rosso, Bastien y Carmen, pero ya pasaron quince años y el Living no es lo que solía ser, esa condensación de vampiros y modernos que bailábamos disco de un lado y Blur y trance del otro. Ahora no llevo a algún novio, sino a mi hijo de la mano, y le digo que en la época en la que yo tuve otros novios (retomando una conversación de la tarde, en la que me dijo en secreto que su padre tuvo muchas novias) caminaba por estas calles yendo del bar a bailar, y que tomábamos el mismo colectivo que tomamos hoy. Pasamos por la parada en la que una noche Andy y yo esperamos otro colectivo durante una hora, la misma parada en la que dos años más tarde Lucas casi se desmayó y yo me preocupé. Pero todo esto no se lo digo.
En la puerta del teatro, el grupo de siempre, unos años más viejo. Mucho pelo, mucha ropa negra, muchos anteojos con marcos gruesos negros, muchas miradas de reconocimiento. ¿Quién es el enano al que lleva de la mano? Oh, será que tuvo un hijo.
El noventa por ciento del público son hombres, y nos metemos por un costado a los camerinos. Elías está excitado, que dos mil personas vinieron a ver a su papá, y le explico sobre las bandas soporte, que son importantes pero que abren para otras más importantes todavía, y él comenta que el teatro es tan grande por atrás del telón, y quiénes son esas señoras con vestiditos cortos. Son, meet the groupies.
Elías saluda a los músicos, que son un poco como sus tíos. "Hola Timoty, hola José, hola Rusconi" con su vocecita de pito, y nos vamos a nuestros asientos, para mostrarle a R dónde estamos así cuando esté en el escenario pueda hacerle un gesto. La pareja que está sentada adelante nuestro lo mira con ternura y descubrimos a un alumno con su padre en otra fila y vamos a saludarlos. Elías se cree un rock star y va saludando a todos los que reconoce en el camino.
Cuando todos los espectadores están ubicados en sus butacas, se oyen unos acordes y se levanta el telón. Muchos gritan y algunos se decepcionan porque no esperan la banda soporte. Pero en unos segundos ya están aplaudiendo y gritando, y hay luces de colores y mucho humo, y es un hammond trío y con el tecladista y el baterista sentados, el único parado es R y las luces y el humo recortan su silueta como si esto fuera un dibujo animado japonés y R el héroe.
-¿Cómo se llama el humo, ma?
-Humo.
Y la pareja de adelante vuelve a mirarlo con ternura mientras él aplaude y grita y baila en su butaca. Cada vez que arrancan con un tema nuevo me dice: "¡otra más!" entusiasmado, hasta que en el último se queda dormido y sé que no voy a poder quedarme para el plato fuerte, e intento llamar a mi hermano para darle las entradas, pero no consigo.
Cuando terminan de tocar volvemos a los camerinos, y R tiene que hacer de traductor entre Medeski, Martin o Wood y otro de los músicos de acá, y después nos despedimos porque R sigue con la gira por muchas ciudades.
-Que te diviertas. ¿Tenés el pasaporte y los papeles de la visa?
-Sí, y la visa es un sello en el pasaporte.
-Chau da.
-Chau mi amor.
Y volvemos a esperar el colectivo, esta vez para el otro lado. Pero antes de salir me robo uno de los discos que venden en una mesita: después de todo, es justo. En la parada está el vendedor de sahumerios caminando como un pirata. Cuando llega el colectivo nos subimos y él sube otra vez detrás nuestro, y esta vez nos da un paquete de sahumerios y lo compramos. Me sobran unas monedas y no podría ser tan terca.
Explica, moviéndose y haciendo todo tipo de expresiones, que él es una de las tantas personas que no consiguen trabajo y que para poder mantener a su joven familia se le ocurrió poner siete sahumerios en una bolsita, uno para cada día de la semana, las bolsas traen variedades surtidas, y entregarlos. ¿El precio? El que salga de tu corazón.
Un hombre con un billete de diez en la mano le pregunta cuánto es el mínimo y el pirata le responde que no hay mínimo: lo que salga de tu corazón. El hombre, que evidentemente se lo quiere llevar con él más que a los sahumerios le da el billete y el pirata los acepta y se baja en nuestra parada, dejando al hombre en el colectivo, con los siete sahumerios, uno para cada día de la semana, en la mano, y nada más.
Buscamos a Dingdong y nos vamos a casa. Me voy a dormir contenta, sin sospechar de la enfermedad que se está gestando adentro mío, que me va a tener todo el fin de semana echada, abrazada al inodoro, incapaz de retener ni un solo trago de agua.
  

martes, 11 de mayo de 2010

smells like something's bakin'

escenario c

me hizo acordar a la manzanita atómika y el superlimón
 

Notas

.qué feo cuando se enferman los chicos pero qué lindo cuando se curan
.el colectivero más antipático resultó estar triste nomás: cuando radio Disney puso Arjona, empezó a cantar a grito pelado "me duele, me duele!". Yo no quise ser mala, pero se me escapó una carcajada
.anoche Elías no podría dormirse por culpa de la música de su hermanito: en el living, Dingdong cantaba su frase preferida de todas las canciones de María Elena Walsh, acompañado por su pianito de cinco teclas, a un volumen para llegar hasta el último fan, sin amplificador: "MAÑANA SE LO LLEVAN PRESO A UN CODONEL POD PINCHAD A LA MEDMELADA CON UN ALFILED, YO NO SÉ POR QUÉ".
 
.pasa que estoy ocupada haciendo otra cosa.

viernes, 7 de mayo de 2010

mi mexicano preferido es...


el mexifán!
que además de comer escribe cada día más lindo
encuéntrelo adentro de su computadora
pikando aquí 
usted no se va a arrepentir
pero debo advertirle: mejor ándese con cuidado.

declaración de amor cae en hombre estresado

-¿Qué haría yo sin vos?
-Comerías mierda y vivirías en una casa sucia y desordenada.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mi turno

No, no se puede todo. Y es bueno saberlo y aceptarlo. Y no me refiero a que no se puede tener todo lo que uno quiere, porque creo que si uno está a tono con lo que en verdad quiere, no sólo puede, sino que tiene que tenerlo. Para eso estamos acá, ¿no?

Digo que no se puede hacer todo, llegar a todo, terminar todo, cumplir con todas las expectativas. Por eso me encanta (al punto de hacerme reír) cuando le digo a Marina que dejé algún trabajo por la mitad porque me pedían demasiadas cosas o porque no lograba descifrar el significado de una sigla que nadie sabía ni siquiera en qué idioma estaba y ella me dice "ay, pero está perfecto". En eso siempre estamos de acuerdo. Y las dos nos reímos mucho. Y así, con las cosas terminadas a medias, podemos darnos tiempo para encontrarnos en la cocina y tomarnos un café. Porque esa es también una parte importante del trabajo.

Esta mañana fue una botellita de Chandon en la escalera. Porque Trica seguía celebrando mis buenas noticias y me la trajo, la compró en el supermercado contra la mirada censora de su hijo de once años que le preguntó si alguna de las dos, o las dos, éramos alcohólicas. Y mientras nos pasábamos la botellita en la escalera de servicio del piso donde todos los del edificio se juntan a fumar, decidimos que hoy me tocaba a mí ir al banco. Hacía mucho que no iba y esta mañana la salida era especialmente jugosa: había que hacer dos colas en dos bancos distintos y después un trámite en la obra social. Teniendo en cuenta el tiempo de espera en cada lugar y las casi veinte cuadras que habría que caminar (entre ida y vuelta), calculamos que el recreo duraría una hora. "Pero tenés mini y tacos", protestó Trica; "vas a estar incómoda". Me reí burlona mientras le sacaba la botellita: "mis botas son cómodas y es mi turno. Además la mini se luce mejor en la calle que acá sentada". Así que cuando cada una volvió a su puesto junté todos los papeles, me puse mi tapadito y salí a la calle. 

Esta mañana, Mauricio dijo que el día iba a estar nublado, húmedo y con veintitrés grados. Si con veinticuatro está para pileta, esa siempre fue la regla en mi infancia, veintitrés es calor. Y recomendó un piloto tres cuartos. Sus compañeros le preguntaron si iba a llover y dijo que no, pero que el pilotito lo recomendaba por lo liviano. Y yo siempre le hago caso porque a las siete y media de la mañana, cuando ya llevo una hora corriendo por la casa y todavía no hay luz afuera, sino un intento de resplandor, no importa en qué mes estemos, siempre tengo calor. Porque desde que suena el despertador de mi teléfono, salto de la cama, me ducho, saludo a y me peleo con la gata, me visto, preparo el desayuno para dos personas y media, me tomo mi café caliente, empaqueto dos almuerzos, levanto, visto dos niños y me peleo con uno de ellos, hago dos camas y me lavo los dientes. Así que lo que dice Mauricio es para mí palabra santa. Si Mauricio dice piloto tres cuartos, yo hago aparecer uno del fondo del ropero. Si dice chaleco sin mangas, yo encuentro uno. Si dice bermudas con gorra, voy disfrazada al trabajo. Es que yo creo en Mauricio. No tengo opción. Porque a esa hora, sin luz y a las corridas, me da lo mismo si me dicen que nieva o que llegó una ola de calor: no tengo registro de lo que pasa más allá de la hora que es.

Así que salí con pollerita, calzas, botitas y mi tapadito tres cuartos que es muy fino (sólo sirve de adorno) y tiene muchos bolados. Parece el saco de un pirata. Salí cargada como boliviana que va a vender a la esquina: con dos chicos, dos mochilas, mi cartera y una bolsa gigante con un kilo de galletitas para el colegio y cincuenta rollos de papel higiénico que Nina Rosso y Mr. Grosso rescataron de la basura y mandaron para los talleres de arte. Así que subo al colectivo cargada como una mula, con Dingdong en brazos y Elías de la mano, Dingdong revoleando su espada, una espada de plástico dorado y plateado con la que durmió (con la que dormimos, ya que gracias a distintas excusas los dos terminaron durmiendo en mi cama; así, a las cinco, éramos cuatro humanos y un gato, todos en feliz cardumen). Cuando el chofer me vio no aceptó que pagara por mi boleto ni por el escolar (gané la guerra cuando Trica me regaló un guardapolvo blanco de sus hijos) y pidió un asiento para la señora que se está por romper la cabeza y ensuciar mi colectivo.

En el colegio dejo toda mi carga y me llevo la espada, porque no se puede entrar con armas. Y me voy hacia el trabajo escuchando música, revoleando la espada, pensando en la película que pasaron anoche y que milagrosamente todavía recuerdo. Un repartidor de coca cola me dice algo. Es igual a Jack Black pero no tan gordo, y veo que mueve los labios y me ofrece una botella. Me río y no la acepto, y entro en el kiosco para comprarle a Elías un álbum de figuritas del mundial. Nunca me dijo que lo quiere, pero todos los días trae del colegio las figuritas repetidas que les regalan sus amigos. Y hoy cuando lo dejo veo que ni bien entra se sienta en el piso y mira ilusionado cómo sus amigos intercambian caras de jugadores de todo el mundo y espera a que una cara esté repetida demasiadas veces y se la regalen. Así que le compro el álbum y diez paquetes de figuritas, y el kiosquero me dice hoy viniste de pirata con espada y todo, y le digo que es una Hattori Hanzo y yo soy Black Mamba pero no entiende y le digo que no importa, pero noto que es cierto que parezco un pirata, y está bien. No se puede todo.

Vuelvo a la calle antes del mediodía. Salgo sin cartera, porque esta zona está llena de motochorros. Prefiero el teléfono y las llaves en el bolsillo y los papeles en un sobre usado. Hace frío, diez grados menos de los que prometió Mauricio, y veo cómo a una mujer que manda un mensaje de texto casi se la lleva un colectivo y cómo a otra le arrebatan el bolso sin que nadie le haga caso. También veo a los otros que le hicieron caso a Mauricio, en lo de la temperatura por lo menos: todos muertos de frío como yo, apachurrados en sus mangas cortas y abrigos de verano. "Mauricio hijo de puta, pelado de mierda" es lo que piensan todos.

Dejo papeles en un banco y llego al segundo para entregar un cheque. Hay un revuelo: una mujer de cincuenta y pico no entiende cómo hacer un depósito en el cajero automático, ella quiere uno de verdad, de carme y hueso, que le hable, que la escuche, pero por el monto que quiere depositar le toca usar el automático. Tarda y se forma una fila enorme detrás suyo, y la mujer se impacienta cada vez más hasta que empieza a gritar y cuando comienza con los carterazos a la máquina se acerca un guardia de seguridad intrigado y un hombre grita "¡que alguien le dé un valium a esa mujer!", y la gente mira asustada y me da un ataque de risa. Bajo al sótano, a las cajas, y mientras espero tranquila en mi fila, porque decidimos que las idas al banco son salidas, excursiones, aparece la mujer que ahora va a usar otra máquina, y sigue a los gritos diciendo "a ver cuánto voy a tener que esperar ahora para depositar estos mil pesos de mierda". Todos los cajeros se ríen, hoy nadie tiene prisa, parece que decidieron tomarse el banco como si fuera un club social, porque clientes y empelados charlan acodados en cada mostrador.

Cuando termino el último trámite me siento en un café a leer una revista que alguien dejó olvidada. El Chandon de Trica me tiene mareada y prefiero pasar un ratito tranquila antes de volver a la oficina. Porque no se puede todo.

martes, 4 de mayo de 2010

ojo de vidrio

una vez conocí a un hombre

era el hijo de una costurera

que de niño

corrió a abrazar a su mamá

y en vez de su falda tibia

se encontró con la punta de la tijera

que colgaba de su delantal.

 

domingo, 2 de mayo de 2010

barney

la fiesta era perfecta

tres velitas en la torta

vestiditos rosas

zapatitos de colores

muchas risas

burbujas en el aire

papeles y regalos cascabel

moños y brillantina

y cuando apareció el invitado de honor

aunque algunos chicos corrieron a abrazar su panzotota violeta

la mayoría salió despavorida

a cobijarse en los brazos de sus madres

donde se taparon los ojos

y gritaron horrorizados

pensando que el dinosaurio psicodélico

se había escapado de la tele

para llevárselos a su estómago infinito

cayeron vasitos violetas

se volcaron litros de coca y de fanta

bolsas enteras de chizitos fueron aplastadas

la mayoría salió despavorida

a cobijarse en los brazos de sus madres

donde gritaron horrorizados

que barney ya no les gustaba

que a barney ya no lo querían.

 

 

 

 

sábado, 1 de mayo de 2010

Amo a mis hermanos, mis hermanos me aman

asunto: regalo PAPÁ

 

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Hola! Cómo les va? Les escribo porque ya se está por venir el cumple de papá y estaba pensando en que le podíamos regalar un GPS para el auto, sé que le encantaría porque un día se lo comenté onda "necesitás un GPS para el auto" y me dijo que le encantaría (fue a fines del año pasado).  www.gps.com

 

Beso y buen comienzo de semana!

 

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no pude abrir el link porque itnernet acá es lenta. pero me sumo

 

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Me parece un muy buen regalo .. yo me prendo .

Y que va a hacer ? va a festejar?

porque si no podemos invitar medio de sorpresa a los tios, amigos.  

Y nos ocupamos de la comida para que no haga todo mama, ya que es domingo podria ser de noche ---

 

chau!

 

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 o ya que es domingo podría ser de día, o tardecita. porque de noche puede ser cualquier día de la semana, y sólo dos días de la semana peude ser de día. lo incluyo a papá en la cadena porque no estaba copiado y justamente es sobre SU cumpleaños!

 

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por eso decia medio de sorpresa .... pero dale

 

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no lo puse en la cadena era un chiste!!

 

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Era un chiste??? Ah, OK. Jajajajajajajajaja.

 

 

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jajajajajajaajajajajajajajajajajajajaja

cheee.... parece q me voy a disney!!!!

ya sacamos los pasajes para MIAMIIIIIII

 

 

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JAJAJAJAJAJAJAJAJA

AJJJJJJJJJJJAAAAAAAAAA

JUUUUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

 

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A disney??? Pero es el cumpleaños de papa!

 

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pero sacó 3 pasajes: elnegro, ange y papito

 

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Qué imperialistas

Alguien me acompaña a comprar ropa? Necesito un pantalón

 

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amakeo/ropa: yo no tengo problema en acompañarte, mañana tengo q ir para el centro y podemos hacerlo a la tardecita (tipo mediodía)

amakeo/imperialismo: disney no es imperialista, es subliminal, nada más. Hay mensajes pedofílicos por todos lados, eso no te lo discuto, pero imperialista? naaaa, capitalista? Si!

cecilia-orlic/miami: a papá no me lo llevo, si quieren me llevo su duende del jardín y le saco fotos por cada lugar adonde vaya. Me voy a perder sus cumpleaños pero les puedo traer algo de regalo.

Sigan pasándola lindo!

Nina Rosso: querés leer alguna lectura de mi casamiento? (Es con misa) Quién más?

 

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CON MISA??????????????

 

OK, ENTONCES YO ME VOY A MARDEL EL 1 DE JUNIO Y VUELVO EL 15 DE JUNIO. SORRY ANGE, ME PIERDO TU CASAMIENTO. ALGUIEN QUIERE QUE LE TRAIGA ALFAJORES??????

 

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jajaja caíste caíste!!!!

 

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Puedo cancelar mi viaje a Mardel entonces??

 

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cuánto tiene que poner cada uno para el regalo de papá?

el pelotudo de orlic dice que lo mandó por mail pero no lo tengo

alguien me dice?

 

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yo creo que le di $100, le acabo de preguntar, cuando me conteste te digo, beso.

 

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yo puse 110

beso

 

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idiota. me hacés calcular lo de los quesos y lo hago porque sos tan inútil que no sabés usar el excel. calculadora sabés usar????

 

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POR QUÉ ME INCLUYEN EN ESTAS AGRESIONES GRATUITAS??

 

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tu hija no sabe usar calculadora. es estúpida.

 

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deja ella es escritora

 

JAJAAJA

 

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PELOTUUUUUDOOOOOOSSSS!!!!!!

váyanse a cagar. las que no contestaron nada también por mosquitas muertas.

feliz fin de semana hermanitos. y mamá también, ya que recibió cachetazos gratuitos.