lunes, 28 de junio de 2010

chicamigraña ya tiene libro!

incluye seis cuentos seis:
 
habla con dios
dominó
prohibido cagar (dulce navidad)
cuando fuimos rumanos
cumbieras
karaoke kiss
 
con ilustraciones para colorear de juan pablo andrade!
 
 

domingo, 27 de junio de 2010

AVISO IMPORTANTE

si este fin de semana dije que sí, prometí algo o di mi consentimiento fácilmente...
cada vez que hablé o contesté no estaba prestando atención porque estaba leyendo.
ahí lo dije. 
nina rosso, no te entendí nada de la explicación astrológica con las fechas.
mamá, no sé de qué hablamos cuando hablamos media hora.
perdón.

jueves, 24 de junio de 2010

miércoles, 23 de junio de 2010

lo que hay es vapor

no hay color

no hay color

no hay color

no hay color

sólo el amarillo que brilla contra el negro

de los semáforos

sólo el amarillo limpio

del techo de los taxis

de los puros taxis

que cruzan la calle.

 

no hay color

no hay color

no hay color

no hay color

sólo el fucsia de las flores

que en la ventana de enfrente

una mujer con guardapolvo azul

alimenta con cucharaditas de mierda

 

no hay color

no hay color

no hay color

no hay color

no sé si me pegaron los vapores del plastificado

no sé si es el resfrío eterno que me tiene mal

pero las nubes están muy bajas

son ovejitas celestes

o blancas, no podría decir

y en el balcón mientras intento escaparme del olor que me quema los ojos casi resbalo

casi pierdo el celular y un poco más

 

no hay color

no hay color

no hay color

no hay color

y ya se hizo de noche

a media tarde

como cuando en el jardín de infantes vino una tormenta

y junto al mástil de la bandera

volaron hojas y tierra

y cantó un gallo

y el único color que había

era el buzo rojo con capucha roja de mi amiga.

mi hermana no llevaba bombacha

siempre se olvidaba de ponérsela porque tenía tres años

y cuando dormíamos la siesta se le veía el culo

y yo le arreglaba el vestidito

que yo no sabía dormir siesta.

 

no hay color

no hay color

no hay color

no hay color

sólo los vapores del plastificado

sólo las risas de los compañeros

cuando un equipo hace un gol.

 

hay vapor

hay vapor

hay olor

hay olor

y me tengo que ir corriendo

intentando no caerme

a la casa de la ducha

donde llevo una misión

que es sacarme esa foto

no te olvides no te olvides

que ya hicimos el trato.

viernes, 18 de junio de 2010

whatever happened to barbie malibu

te mira sorprendida
con sus labios de colágeno
con sus ojos gatunos
con sus caderas para cesárea
con su pinta de muñeca inflable.
le mirás con tu cara de perra
los pelos pintados de violeta
que le cortaste una tarde
justo antes de arrancarle la cabeza
por primera vez
para descubrir la bolita chiquita
que pensaste debía ser su cerebro.
ahora que sos grande
y ella tiene alfileres clavados hasta en el pupo
le decís sonriendo
sabés qué, barbie
siempre fuiste una puta
de las malas
de las que no me gustan
y una tonta
de las que no soporto
y yo nunca te quise.
a esta altura
tus tetas deben andarte por los muslos
a esta altura
tu culo habrá conocido demasiado
a esta altura
habrás tenido mil abortos
te habrán vaciado mil veces
a esta altura
tus labios deben ser
el chiste de tu barrio de plástico
donde sólo viven muñecas de plástico.

jueves, 17 de junio de 2010

cómo solucionar un olvido

primero, leé con atención el cuaderno de comunicaciones de tu hijo menor.

después, olvidá lo que leíste.

cuando lo busquen en el colegio van a ver que sus ojos están tristes

y colorados

porque te olvidaste de él

porque nadie de su familia

fue al día de la familia

de sus tres años.

sentite mal

sabete mala

superflua

shallow.

llamalo por teléfono

desde el trabajo

intentá hablarle

mientras mira televisión.

llevalo a pasear

una cita los dos solos

comprale el helado que quiere

aunque haga frío y ya la noche esté avanzando

sobre los adoquines húmedos

de tu calle

de tus tripas

de tu corazón.

siéntense juntos

en la vereda

en un banco blanco

para que te hable de plants vs. zombies

mientras se pinta los labios de chocolate.

cuando tire su helado en el tacho

sigan paseando

caminen hasta que encuentren

el negocio que vende cualquier cosa

dejalo elegir

lo que sea

tu error no tiene precio

la tarjeta de crédito está al día.

cuando pida el gato chino dorado que mueve la mano

conseguile una pila

asegurate de que funcione bien

vuelvan a casa

a jugar a los autitos.

y cuando sea de noche,

metételo en la cama

hablen de tu olvido

hasta que te cuente que no se puso contento

y que estuvo triste.

miren su canal

que van a dar algo muy gracioso

con decenas de gatos

negriblancos y marrones

que entran en un ascensor

trepan por las paredes

dan saltos mortales

después entran en una casa

son tantos que nunca terminan de entrar

se trepan a la mesa

hacen volteretas

y al final van a cantar a coro

con una jauría de perritos.

tu hijo se va a reír tanto

que le va a doler la panza

y al final se va a dormir de tu mano

con una sonrisa

mientras acaricia su almohada favorita

hasta olvidarse de tu olvido.

en proceso

 

VAAAMOOOO!

miércoles, 16 de junio de 2010

telegrama invernal

Hace frío stop

Hay mucha oscuridad stop

Yo te extraño stop

 

(sobre una idea de otra persona, ni hace falta que aclare)

martes, 15 de junio de 2010

voy a pagar la luz

en el rapipago nos juntamos

la prima de susana giménez

otro mes sin monedas

una discusión sobre si la mina

las guarda para el colectivo

o si jamás se subió a uno

un tipo tan igual a andrés nieva

que miro hasta incomodarlo

esperando que me reconozca

o no

un monotributista
con dolor de panza

que paga siete facturas de doce centavos

un viejo azul

el linyera de la iglesia

con la cara ensangrentada

mi boleta de la luz

en el último día

del último aviso

por distraída
por aburrida

y porque las mandan el día diez

cuando el sueldo ya se terminó

una chilena que pregunta

cuál es la mejor yerba

otra discusión

sobre cuál debe comprar

una empleada piola

que va dando el vuelto en capítulos

y que debe hacerse un sobresueldo interesante cada mes.

el rapipago parece

la reunión de consorcio

a la que no me invitaron

porque yo alquilo.

por eso pago siempre por internet.

Transporte escolar

Hace frío con cien por ciento de humedad. Eso dice la vieja de las noticias mientras sale el sol y ella señala con un dedo un ícono de un sol amarillo. Después de la tormenta de ayer no queda ni una nube en el cielo, que estará celeste como la bandera, dice, preparándose para el partido del jueves contra Corea, dice, pero hay que esperar a que se vaya la niebla, la niebla que tiene la visibilidad reducida a trescientos metros, cuidado en los accesos a la capital que así se producen los accidentes, así vienen las tragedias, un martes a la mañana que no se resigna a levantarse, camino al trabajo con nada de visibilidad, el camión con container de adelante frena porque un auto frena y otro más, y uno no ve nada más adelante y el que viene atrás tampoco, y se lo lleva puesto se lo lleva puesto se lo lleva puesto, y un auto termina metido debajo del container y el choque en cadena es una tragedia en cadena y nadie llega al trabajo ni al jueves a ver el partido. Hay que tener paciencia señores, porque los accesos están lentos por la niebla, aconseja la vieja de las noticias y el sol que señala no tiene nada que ver con la mañana, no se puede ver ni el cielo en el patio porque la visibilidad es de trescientos metros y el cielo debe estar un poco más allá.

El colectivo avanza lento, saltando despacito sobre el empedrado brilloso de rocío. Los árboles helados y húmedos, los perros olisqueando la basura, lana por todos lados hecha guantes, hecha gorros, hecha suéters, hecha calor. El colectivo avanza lento, conciente de su tamaño, atento elefante en bazar, marrón y amarillo, lucecitas y fileteados, avanza lento, pidiendo disculpas porque casi no pasa por las esquinas ensanchadas de los bares, porque ahuyenta a los gorriones que buscan semillas, porque su ruido despierta a alguna persiana, y el frío es más frío con el viento de la salida del sol, que triunfará sobre la niebla, eso dice la vieja de las noticias, y en el colectivo estamos los de siempre, los habitués del 39 rojo, que somos el hombre simpático de los headphones y la ropa negra, el colombiano y su hija a la que le gusta el rosa, hasta con orejeras rosas, hasta con gorro rosa, con mochila y vianda rosa sobre su uniforme verde del González Pecotche, la señora de tapado rojo y valijita carry-on-size con su tanque de oxígeno adentro y los tubitos por la nariz que espera en nuestra parada con la señora española y el chucho que se llama Toto y que hoy tiene una mantita azul de lana y vuelve con orejas de apaleado cuando su doña le grita que no coma la basura.

Cuando baja la guardiana de la plaza de Medrano con su ropa celeste como el cielo como la bandera como la esperanza de la vieja de las noticias, sube la mujer con su hijo Santi, que va a primer grado en la escuela de República Dominicana y está aprendiendo las letras y siempre lleva un pingüino pero hoy no lo trae y el pingüino es él. Su cara es igual a la de su juguete y tiene una capucha y la bufanda escocesa hecha un moño sobre la campera y una mochilota llena de papeles y de lápices y de las letras que escribe al revés porque practica leyendo desde adentro del 39 las calcomanías que el colectivo tiene para que lean los que están afuera. El colombiano le cede el asiento a Santi y su hija verdirrosa ni se despierta. Pero Santi está enojadísimo y se va para el fondo del mamut, hasta el final de la ballena, con su guardapolvo blanco percudido, y su madre lo llama y me explica "es que está chinchudo, que es temprano para él" y pienso que para quién no es temprano salir de casa antes que el sol. Pero que desde la semana que viene los días van a ser imperceptiblemente más largos hasta agosto, porque cuando llega agosto el invierno recrudece y echa un manto de tinieblas sobre el cono sur. Pero el que pasa agosto se gana la primavera.

El tipo de pelo largo que sonríe hasta cuando está serio le da su asiento al chico de sexto grado del Lenguas Vivas con su vianda negra y su arito plateado y a su lado una estudiante de Derecho repasa los conceptos más aburridos del mundo.

Cuando ve el álbum del mundial de Dingdong, Santi pregunta dónde está el mío y Dingdong saca sus manitos de su mitones azules con huellitas celestes como la escarapela, como el cielo y la bandera, y le muestra la página que completó, que es la de Sudáfrica, sin respetar los casilleros, con jugadores de cualquier país pegados muy prolijos, ni yo puedo pegar tan bien adentro de los límites, hasta puso a Demichelis apaisado donde debería ir el equipo sudafricano y Elías desde abajo de su gorro de Batman le dice a Santi que él también tiene un álbum y que el jueves vana ver el partido en el comedor del colegio y Santi vuelve a preguntarle a su madre, pero esta vez sólo con los ojos, dónde está su álbum, y la mamá le dice cuando vuelvas de la escuela lo buscamos Santi, y desde su malhumor y justo antes de bajarse Santi admira la página que le muestra Dingdong.

Somos los últimos de nuestro grupo de escolares en bajarnos y, como todos los días, nos despedimos del hombre simpático vestido de negro y de la mujer del tapadito rojo y el tanque de oxígeno. Todos los demás pasajeros son ahora desconocidos.

 

 

animales

antes de diciembre
cuando estaba tango
y desparramaba su comida por el patio
venían gorriones
a robársela
se metían en la cocina
y una tarde se llevaron
entre dos
mi tostada.
ahora que se fue el lobo
se nos metió una gata
ya no se animan los pájaros
sólo la cotorra que vive en el techo
nos espía a veces.
pero todas las noches
todos los gatos
se asoman desde el techo
y la llaman
porque ella es la más linda
más salvaje
y más mimosa
con los ojos más verdes
y la cara de selva.
ignora a los gatos
duerme en la bañera
dice mau desde adentro de una bolsa
y alguna vez
me trae una cucaracha.
cuando huele la correa de tango
me pregunto qué diría él
si la viera tan fresca
recostada en mis pantalones de pana.
¿se la comería
o la adoptaría?
mientras tanto yo busco
un disfraz de conejo.

foto: dead girls vía alva

sábado, 12 de junio de 2010

fiebre mundial

alrededor de mí
tres tipos
de distintos tamaños
y de distintos países
saltan
se pelean
nerviosean
mientras el locutor está tan nervioso
que parece que se va a cagar encima.
hasta el gato sospecha
y los chicos se pelean
para ver quién es más argentino.
el gringo, el irlandés, que también es nigeriano
el gringo, el italiano, que también es argentino
y dingdong
se pelean
discuten
se tiran comida
se van a ir a las manos antes de que empiece el partido
y los vecinos griegos
que se pasaron las dos horas gritándoles a los jugadores
dándoles instrucciones de dt
llorando en cada gol de corea
están callados
recuperándose
y de la calle llegan
vamos argentina carajo
vamos argentina
y la fiebre mundialista
es más fuerte y más contagiosa
y también más larga
que la gripe.
yo también estoy nerviosa
vamos argentina carajo.

viernes, 11 de junio de 2010

a prodigious paradox

"When I speak of the aspiration towards the beautiful, of the ideal as the ultimate aim of art, which grows from a yearning of that ideal, I am not for a moment suggesting that art should shun the 'dirt' for the world. On the contrary! The artistic image is always a metonym, where one thing is substituted for another, the smaller for the greater. To tell of what is living, the artist uses something dead; to speak of the infinite, he shows the finite. Substitution... The infinite cannot be made into matter, but it is possible to create an illusion fo the infinite: the image.

Hideousness and beauty are contained within each other. This prodigious paradox, in all its absurdity, leavens life itself, and in art makes that wholeness in which harmony and tension are unified. The image makes palpable a unity in which manifold different elements are contiguous and reach over into each other. One may talk of the idea of the image, describe its essence in words. But such a description will never be adequate. An image can be created and make itself felt. It may be accepted or rejected. But none of this can be understood in any cerebral sense. The idea of infinity cannot be expressed in words or even described, but it can be apprehended through art, which makes infinity tangible. The absolute is only attainable through faith and in the creative act."

de Sculpting in Time: Reflections on the Cinema, de Andrei Tarkovsky. Vía Bandart.

jueves, 10 de junio de 2010

orlic

cuando llegaste a casa

yo todavía no tenía tres

era el mundial del 78

te pusieron sobre una mesa y vi tus escarpines celestes.

tenía la camiseta de argentina

y me había pasado la mañana cortando papelitos y la tarde tirándolos por la ventana

y viajando en ascensor para visitar a los vecinos del sexto

que me veían aparecer, saludaban, y el ascensor

mi jaulita de diversión casera

volvía para el quinto.

eras chino y tenías los pelos parados

y nos hicimos mejores amigos

para siempre

porque ya eras adorable.

jugábamos juntos a los autitos y a los indios

y más después

ahorita

lueguito

escuchábamos música.

yo me mezclaba con tus amigos en tus cumpleaños

cuando faltaba uno para el truco

cuando nadie quería ser arquero.

nos entendimos

como si fuéramos hermanos.

siempre pensé que eras lo máximo

siempre creíste lo mismo de mí.

todavía me gusta esconderme en tu casa

revisarte los cajones vaciarte la heladera fumarte hasta las pelusas cantar candy en karaoke

y pensar que no existe nada más

afuera de tus cortinas.

en mis cuentos, cuando hay una hermana y un hermano, aunque crean que es ficción, somos nosotros dos.

la capitana sudaca y otro de sus fallidos... ash!

felicidades, comandante pónz!

miércoles, 9 de junio de 2010

Getting Desorganized

Mientras sigo sin escribir nada, quizás porque mis dedos se separan del teclado para rascarme la cabeza, que probablemente esté llena de piojos, además de apolillada, mientras charlo con un librero humanoide y buena onda, dispuesto a cruzarse la ciudad en una tarde poco amigable y porque sí para entregar un paquete que será entregado y vuelto a entregar hasta alcanzar su destino, mientras grito frente a la portada fucsia porque la esperaba magenta y fucsia es mucho más linda, mientras leo a Arlt y le explico a un gatito mexicano por correo y en cómic sobre la zona de la angustia, mientras pienso en la suerte que tiene el gato en no saber que la zona de la angustia es infinita, me llega por email una noticia que inmediatamente anoto en mi cuaderno:

Missing (Library)
Copy No. 2 of Getting Organized (PSG/2355/.M59/1999) is missing from the library. If you have this book in your office, or have misplaced it, please return it to the library immediately.

viernes, 4 de junio de 2010

Para pasar el día

Sentí que aunque es viernes no es viernes. Las nubes de frío encapotan la ciudad, la humedad cala hondo. Tratá de alegrarte aunque sepas que no tiene sentido el esfuerzo, aunque el horóscopo anuncie bonanza.
Ve de lejos a un compañero de trabajo, pensá que no te ve. Mientras esperás a cruzar la calle velo entrar en el edificio, para descubrir un minuto más tarde que está esperándote con la puerta del ascensor abierta, a pesar de la chicharra ensordecedora. He's nice. No se besen: nunca se besan. Besarse todos los días es la cultura de otra empresa, no de esta. Y está muy bien. Mirá su cara mientras te dice estoy destruido. Si no supieras que es por la cantidad de trabajo que los tiene a todos atrapados como un pulpo en un viaje al centro de la tierra pensarías que lloró toda la noche. Te compadecés, ofrecés tu ayuda.
Cada persona que entra en la oficina tiene la misma cara de haber llorado. Another day in paradise, decile a uno que no va a captar la ironía. Metete en el baño. El espejo anunciará que vos también estás en el baile pero a destiempo: tu cara está por largarse a llorar y sabés exactamente por qué. Sabés perfectamente que el pulpo no acercó ni uno de sus tentáculos a tu cabecita loca.
Pediles a todos algo para hacer. Insistí. Amenazá con saltar por la ventana. Que alguien te va a pedir que le hagas algunos trámites personales. Reite mucho con ella. Después llamá a tu jefa y decile que mientras dormías te acordaste de todo lo que te había pedido que compraras en el supermercado. Decile que sólo compraste tres velitas de cumpleaños. Ríanse más fuerte todavía. Te va a pedir que hagas algunas cosas.
Abrigate.
Salí a la calle con la idea de fumar un cigarrillo autodestructivo. Aunque sean las diez de la mañana y nunca fumes. Pedile uno a un mexicano esquelético. Escuchalo con atención cuando te explique que es artista y que le gustaría pintarte. Aceptá su invitación y dale un número de teléfono falso. Comprá dos postales de Buenos Aires para mandar a una mujer en la oficina de Nueva York que las necesita para decorar su pared. Enviá una carta a Alemania. Pagá algunas facturas. Comprá las galletitas que quería tu jefa pero de los colores equivocados. Entrá en la farmacia llena de brasileros. El farmacéutico va a atenderte primera porque hoy no tiene paciencia para turistas. Pedile todo tipo de pastillas para el dolor, curitas y merthiolate. Reite otra vez, ahora como si fueras tonta. Cruzate a la ferretería. Pedí una gillette con manijita. Hacé un mal chiste sobre cortarte las venas sin lastimarte los dedos. Nadie se va a reír. Ponete colorada. Pensá que tu comentario era gracioso. Pensá que la audiencia era la errónea.
Caminá hasta Alvear. Pasá por la puerta del hotel, olé el perfume. Mirá a los brasileros que salen de Louis Vuitton. Sonreile a un boliviano que vende plantas en la calle. Notá en voz alta que el cielo está despejado. Agregá que puede que tu horóscopo se cumpla, después de todo. Mientras esperás el semáforo mirá al costado, que vas a ver al padre de tu mejor amiga de trampa. Cuando palidezca, guiñale un ojo y después hacé que nunca lo viste.
Y volvé rápido, que seguro tenés alguna buena noticia esperándote.

jueves, 3 de junio de 2010

Cómo enamorarse

La primera vez fue a finales de los noventa, una noche de enero con la ciudad vacía. Karen había salido con su amiga Malena y coqueteaban con sus cervezas heladas mientras bailaban y hablaban sin parar, o paraban para reírse y tomar más cerveza. Hacía calor y el bar no tenía aire acondicionado y la noche se escurría con las pocas personas que quedaban dentro. Mediados de enero de un buena año, y todo el mundo estaba en la playa o viajando por el mundo. Karen y Malena, encadenadas a sus trabajos, estiraban esa noche de miércoles en el bar vacío, arrastraban sus bolas de presas, como si esperaran que pasara algo.
Desde una mesa cercana las mira Felipe. Con su camisa blanca, con sus piernas largas, con su pelo castaño, con sus dientes brillantes. Con su cara de triunfador.
-Karen tiene un admiradoooor -se ríe, burlona, Malena.
-No mires, que lo conozco. Es el novio de Carmela, la hermana de Flor.
-¡Oh jo jo! ¿Y qué estará haciendo acá solo? Seguro anda de trampa.
-Sí, mirale la cara de pajero…
-Se acerca.
-¡Nooo! Pase lo que pase, no me dejes sola con él –Karen se ríe mientras Malena le da un codazo.
-Karen, ¿qué hacés por acá?
-¡Feli! No te había visto. ¿Cómo va? ¿Carmelita cómo anda?
-Bien, bien. La gorda está en Miramar con su familia.
-Ah, qué bien. Esta es Malena.
-Hola Male.
-Es Malena.
-¿Se quedan acá un rato?
-Estamos acá –dicen las dos a coro.
–Karen está con ganas de jugar al pool…
-Callate, que no soy buena.
-Yo te enseño –ofrece el hombre.
A lo que las amigas se miran y sueltan una carcajada, sin importarles que el novio de la hermana de la amiga se dé cuenta de que se ríen de él. Hay cuatro mesas de pool y una sola está ocupada.
-¿Ves? Por esto me encanta Buenos Aires en enero: está vacía. Hasta el subte es un placer.
-¿Viajás en subte en enero? ¿Con el calor? –Felipe pone cara de asco.
-Por el calor. Me encanta quedarme pegada al sudor de la gente.
Malena, que conoce bien a su amiga, sabe que el desagrado que siente por Felipe desata una cadena de inconveniencias, groserías y chistes que, aunque son esfuerzos por agraviar al intruso, sólo harán que se enamore de ella. En la mesa de pool, Karen agarra un palo y Felipe se para detrás suyo.
-¿Te muestro cómo es la mejor posición para pegar?
-Pero no se te ocurra apoyarme que te parto el palo en la cabeza.
Después de media hora de juego, peleas y flirteo, el hombre les propone irse a otro lugar. Buscan su auto en una cochera cercana y parten para Buenos Aires News, sugerencia de Malena, aunque Karen lo detesta porque está lleno de modelos y famosos. Adentro, un par de modelos le bailan a un magnate de los medios mientras Christopher Lambert prepara mojitos. Felipe ofrece comprar tragos pero Karen prefiere recorrer los bares del complejo hasta encontrar música que le guste: tiene ganas de bailar y no va a moverse con cualquier cosa, dice.
-Parece un poco el Roxy, con tantas opciones. Salvando las distancias, claro: este antro de putas profesionales y de trajes no me gusta ni un poco.  –Karen dice esto mientras entra en un bar que está vacío, a excepción de una mesa en la que cuatro hombres toman tragos transparentes. Entra saltando, se pone a bailar sola en el centro de la pista, se mueve como si estuviera en su casa, mirándose en el espejo del fondo de la barra como si James Brown sólo cantara para ella y ve a los hombres que la miran, a Malena que se ríe del show que está dando y a Felipe que se le acerca.
-¿Qué querés tomar?
-Traeme un Cuba libre.
Y el hombre se va hasta la barra, ella sabe que ahora es su esclavo para siempre, y con un dedo le indica a Malena que se le una. Les dan la espalda a los tipos que las miran desde la mesa, o les muestran sus culos, y cuando Felipe vuelve con sus vasos las dos bailan con él unos momentos, hasta que Malena se va a una mesita y los deja solos.
-No te conocía así –le dice Felipe al oído.
-¿Así cómo?
-Tan suelta.
-¡Salvaje!
A las dos las chicas se ponen de acuerdo en que es hora de irse y Felipe ofrece llevarlas a sus casas. A lo de Karen, porque es ahí donde tienen pensando dormir. Igual que a la ida, Malena se sienta atrás y la deja a Karen de copiloto. Ella elige la música, enciende un cigarrillo aunque él le pide que no lo haga y con una sonrisa como única respuesta baja la ventanilla y asoma apenas la cabeza, para que el viento la despeine más. Quizás animada por las miradas y las risitas de Malena o por el sueño, Karen comienza a imaginarse un futuro con Felipe. Siempre hace eso: los mira, piensa en su nombre unido al apellido de ellos, crea barrios, hijos, colegios a los que los mandarían, profesiones, la carga del lavarropas con lo suyo mezclándose con el agua y el jabón y la ropa de ella… Pero no. Este es demasiado cuadrado, demasiado previsible, demasiado el novio de la hermana de su amiga.
Cuando llegan a su casa se despiden pero él pregunta si puede subir, y Karen lo deja.
-Pero un ratito que mañana hay que trabajar.
-Igual trabajás a la tarde, ¿no?
-Sí, a las tres. Pero vos entrás a las nueve y no queremos que te quedes dormido.
Malena desaparece por el pasillo y se va a dormir, y Karen y Felipe quedan en la cocina preparando café.
-¿Y todo bien con Carmela? Planean casarse, ¿no?
-Sí. Nos casamos en unos meses. La gorda está como loca con el vestido, la fiesta… ¿En serio ustedes se pasan la vida diseñando el vestido?
-¿De boda? Y, algunas sí…
-¿Algunas? ¿No todas? ¿Cómo imaginás el tuyo?
-Sabés que nunca pude imaginármelo –Karen se sienta en un banco, con la taza entre sus manos. Huele el vapor que le llega a la cara y toma un sorbo. El café está caliente, negro, dulce. –De hecho cuando en el colegio dibujábamos nuestros vestidos de novia yo me quedaba en blanco: no se me ocurría nada.
-Pero te gustaría casarte, ¿no?
-Qué sé yo. Creo que no.
-Pero todas las mujeres sueñan con eso: Susanitas.
-Conocerás sólo Susanitas, Feli. Y dejate de joder. Sos demasiado tradicional y me ponés de mal humor.
-No me quiero casar. No me gusta Carmela. Nada. Me aburre, me parece fea. No me gusta, te lo juro. Me gustás vos.
-Estás loco. Ubicate loco. Andate por favor. ¡Sos el novio de la hermana de mi mejor amiga del colegio! ¡Pelotudo! Hacé lo que quieras con tu vida pero no conmigo. Andate. ¡Chau!
Felipe se va y Karen se termina el café mientras fuma un cigarrillo y mira por la ventana. Hay cuatro luces encendidas en el edificio de enfrente. Nunca hay tantas a esta hora. Cuando inspira la última pitada ve cómo la fila de ventanitas de las escaleras se enciende completa, todos los pisos al mismo tiempo. Y se va a despertar a Malena para que le arme un porro. A ella nunca le salen bien y entre este tipo y el café no va a poder dormir nunca.

El día siguiente es un jueves de calor, humedad, ojeras y pelo parado. En el trabajo el ritmo es frenético y Karen maldice los tragos de la noche anterior, maldice al patético Felipe y mira el reloj cada cuatro minutos para ver cuánto le falta para irse a casa. Y siempre faltan cuatro minutos menos que la vez anterior, siempre entre los ruidos de las impresoras, los tonos del fax, los timbres de los teléfonos. Ni cinco minutos ni treinta: cuatro. Se toma otro café, después una coca, y le agarra un ataque de pis. Así que está totalmente malhumorada, completamente quisquillosa. Le hablan, le molesta. Suena el teléfono, le molesta. Y la presión interminable en la vejiga, sin importar cuántos viajes al inodoro. Cada vez que entra al baño le saca la lengua a la camarita de seguridad de la puerta. Cada vez que sube al archivo, le muestra el dedo mayor a la camarita del ascensor. Y mientras espera a que la máquina termine de prepararle otro café se levanta la remera y le muestra el ombligo a la camarita de la escalera. “Loco paranoico” piensa. “A ver si te gusta esto” y baila como un robot.
Cuando vuelve a su escritorio, su jefa le gruñe con un cigarrillo entre los labios apretados un “tenés teléfono. Es personal”. La adora a su jefa. Ella y su mujer acaban de comprarse un departamento y las dos se pasan los fines de semana armando muebles, pintado, decorando. Y en el trabajo se apura a terminar sus cosas para irse temprano y seguir armando su nido. La mujer es culta, cosmopolita, genial. Pero tiene una sola herencia de su infancia de pueblo: terror al infierno. Una tarde lenta, mientras fumaban sentadas en la escalera, le preguntó a Karen si era religiosa y si le temía al infierno. Karen le dijo que ella creía que esos eran cuentos para niños y la jefa le contó que cuando era chica le habían dicho que en la pared del infierno había un reloj con una inscripción que decía “nunca más del infierno saldrás”. Karen la había mirado con compasión, la había abrazado y le había dado un beso: “Marga, eso es pura mierda”.
-¿Hola?
-¿Karen?
-¿Qué querés, pelotudo? –Y Marga la mira por una fracción de segundo, en la que apenas logra disimular su curiosidad.
-No me cortes. Te llamo para pedirte perdón.
-No me llames al trabajo. No me llames a ningún lado. Que total me vas a ver en el cumpleaños de Flor, en el de Carmela… ¡Sos un caradura!
-Ya sé. Por favor. Karen. Perdoname. Escuchame un minuto nomás.
-Dale. Que estoy ocupada. Hablá.
-Que nunca me había pasado algo así. No sé qué me pasó. Te pido perdón. No pude dormir en toda la noche, yo a Carmela la adoro. Por favor no le cuentes a nadie lo que te dije. Que mi vida se termina si la gorda se entera.
-No te preocupes que no le voy a contar a nadie. Tu perro, tu caca. Pero no se te ocurra volver a joderme. Arreglá tus cosas y no me jodas más. Y quedate tranquilo que a cualquiera le pasa algo así. Chau. Sé feliz. –Y con eso corta, sintiéndose un poco más cansada, pero también un poco más tranquila. Y después de guiñarle un ojo a Marga se va corriendo al baño.

Ahora es julio y el cumpleaños de Flor. Cumple treinta y hay una fiesta grande en su casa. Karen llega sola y se instala en medio de lo que fue su grupo de amigas en la secundaria. Las mira: no tiene nada que ver con ellas. Nada. Intenta participar en las conversaciones sobre barrios privados, profesiones y autos, y al final desiste y se dedica a tomar. Va sonando el timbre y va llegando gente, las conversaciones se animan, sube el volumen, y una de las veces que la puerta se abre entran Felipe y Carmelita, sus anillos de matrimonio todavía sin rayones lanzando destellos para todos lados. Karen los saluda y sufre cuando ve a Felipe palidecer ante ella. Lo ignora, no quiere mirarlo, quiere que él le crea que nunca le va a contar a nadie de esa noche. Carmelita, con la gracia de un sapo, habla de su vestido de novia y de su luna de miel, siempre invitando a su esposo a participar con preguntas retóricas: “¿no, gordo? ¿te acordás, gordi? ¿era ahí, mi amor?”. Karen se levanta para ir a la cocina a servirse más vino, y él la mira alejarse, avergonzado. Pero no es sólo vergüenza. Y ya no queda la calentura del verano. Felipe la intercepta en la cocina.
-Felicidades –le dice ella.
-Gracias –murmura él. -¿Tenés un pucho?
-¿Problemas en el paraíso?
-No sigas enojada, ya sé que fui un pelotudo. Que soy un pelotudo.
-Calmate, no pasa nada. –Mientras le da un cigarrillo.
-Es una mierda. Un mes antes del casamiento le dije que la cosa no iba y ella me presionó tanto, que las invitaciones, el salón, el vestido, que ya habían empezado a llegar regalos… Me convencí de que eran nervios, miedo al compromiso.
-Oh.
-Una mierda. Un pelotudo. Una pendeja egoísta. Eso es lo que es.
-Dejala Feli. Si de verdad sos infeliz, dejala.
-No puedo.
-¿Por?
-El departamento… qué van a decir.
-No seas boludo. Callate. ¿Ves qué fácil me ponés de mal humor? ¿Por qué para variar no te ponés alguna vez las pelotas cuando salís de tu casa?
Y Felipe le agarra la mano, se la lleva al lavadero, la toma por la cintura y la sienta sobre el lavarropas. El resto son unos pocos minutos de sexo frenético.

A finales de octubre, cuando llegan los mejores días de la primavera, Carmela está embarazada y Karen y Felipe pasan la mayoría de las noches juntos. Ella le dice que no la llame tanto, que esté más tiempo en su casa, con su mujer. Pero él no le hace caso y Karen no hace más esfuerzos por alejarlo. Carmela no se queja: desde que el evatest le dio positivo sólo se dedica a vomitar y a leer revistas y libros sobre el embarazo y a comprar ropita, juguetes, mamaderas y hasta fórmula, porque dice que amamantar le da asco. Y también come, todo el día, sin parar. Come entre vómitos.
-Además mi mujer sos vos –le dice una noche Felipe con la cara hundida en sus muslos. Karen lo agarra del pelo con una mano y le toma el mentón con la otra.
-Yo no soy tu mujer, Feli. Sólo soy tu amante.
-Vos sos más mía que Carmela: con ella no tengo nada en común.
-Dejala entonces. Y dejate de lloriquear.
-No puedo, está embarazada.
-La embarazaste vos, así que dejate de llorar.
-¿Podría mudarme con vos si la dejara?
-¿Estás drogado?

Al principio a Karen le gusta el arreglo (tácito): amantes y nada más. Hasta lo desprecia un poco a Felipe por ser tan conformista. O disconforme pero paralizado, que es peor. Pero con el tiempo comienzan a hacerse amigos, empiezan a encariñarse con los defectos del otro, que no ven como características coloridas de sus personalidades sino como defectos. Que aceptan. La aparente falta de compromiso, la no necesidad de enamorarse, de tener una relación, hace que sean completamente honestos. Que no intenten esconder nada, ni lo genial que puede tener cada uno, ni sus miserias. Van pasando los meses, Carmelita se redondea, y la intimidad entre Karen y Felipe es cada vez más profunda. Sin obligaciones ni reclamos son, solamente, un hombre y una mujer. Presos de su propia libertad.
Y eso es lo que piensa Karen, sentada en uno de los dos bancos turquesas de su cocina sin luz, mientras enciende un cigarrillo con un fósforo y mira por la ventana. Él acaba de irse. Hace calor en pleno invierno y está vestida con una bombacha negra; nada más. Su pelo largo le acaricia los hombros, la espalda, le tapa un brazo. Fuma y la brasa avivada casi ilumina su nariz. La ve reflejarse en la ventana. Las ventanitas de las escaleras del edificio de enfrente se apagan y un perro ladra. El cielo está cerrado y los ladridos retumban. El barrio está en silencio hasta que se levanta el viento y se oye una cadena de portazos.
Piensa si Felipe habrá llegado a su casa. Si la tormenta hará que nazca su hija. Que no tiene nada que ver con este lío. Los bebés nacen cuando hay tormenta y cuando cambia la luna. ¿En qué estará la luna? Pero no hay luna sino nubes. No hay estrellas sino gotas de lluvia. Y la bebita está por nacer, la hija de Felipe está por convertirse en realidad. No hay nadie: Karen está sola. Con su cigarrillo, con su ventana, con las luces azules de los televisores del edificio de enfrente. Felipe quizás ya esté con su familia. Con su mujer tonta, pero que lleva a su hija adentro. La cocina está amarilla, el cielo está amarillo, y empieza a llover.
El olor de la tierra mojada. Su olor o el de Felipe mezclados en su piel. Se huele el mechón que le cae sobre el rostro. Huele a él. Apaga el cigarrillo en la pileta y se estremece. Lo extraña. No es justo. Extrañarlo no era parte del arreglo. Quererlo no era parte de sus planes.
Se lava los dientes con el cepillo que él usó hace un rato nomás y se mete en la cama, entre las sábanas arrugadas, entre su ropa revuelta, entre lo que ahora sabe que son las cosas que añora. Apaga la luz. Mira los nombres de los libros que están apilados junto a la cama. Cierra los ojos. Vuelve a abrirlos por un segundo. Se da vuelta y se acurruca donde hace media hora estuvo la axila de Felipe. Imagina que sigue ahí y que ella puede esconderse en su hueco y se duerme. Los libros la miran, tristes, mientras las gotas de lluvia bailan en las macetas, besan las flores del malvón y se funden, risueñas, con la tierra.



Dos tardes después, en el supermercado. Una madre con su bebé elige pañales. Un mundo que le es ajeno y hoy le muestra los dientes. Carmelita y Felipe están pariendo y Karen sabe que es probable que él ya no tenga tiempo para ella. Se putea a sí misma por haber sido débil, por haberse distraido, por no haber advertido la posibilidad de enamorarse. “Cómo pude. Con esa cara de triunfador. Con su miedo a dejar a Carmelita. Con sus indecisiones. Con su doble vida. Que no vuelva a preguntármelo. Que no vuelva a preguntármelo porque quizás le pida que se mude conmigo. Pero no. Ahora tiene una familia y ya no se va a acordar de mí”. Y aunque se siente aliviada, también se pone triste. Sabe que podría llorar, así de fácil. Y cuando se para frente a las verduras, mira las calabazas anaranjadas, las cebollas marrones y blancas, los repollos violetas, los brócolis verdes, las papas cubiertas de tierra, se pone a llorar. Se queda con los ojos perdidos entre los vegetales durante un rato largo, sabiendo que si gira la mirada unos grados hacia las frutas es probable que se alegre. Pero no quiere mirar las frutas. Las berenjenas conversan, descaradas, mientras les muestran su redondez a los pepinos obnubilados. Entre las lágrimas, Karen los ve moverse, arreglarse los cuellos de sus abrigos y los pantalones, listos para avanzar sobre el cajón vecino.

Su departamento la espera, sombrío. Lleno de desorden, se siente en realidad vacío. Como un útero con un bebé muerto. Para llegar a la cocina debe sortear obstáculos como en un entrenamiento militar de las películas. Carteras destripadas, zapatos separados de sus almas gemelas, pañuelos de papel desmembrados, su vida desarticulada. “Nada es lo que fue, nada está donde quiero”. En su intento vano por llenar la heladera ordena seis huevos marrones, una leche y dos yogures. No compró verduras porque lo quiere llorar. Y no compró frutas porque no quiere alegrarse. Su celular la asusta con su musiquita idiota: “nació mi sobri! besos flor”, anuncia la pantalla. Karen patea sus botas, enciende un cigarrillo y se sienta contra la ventana. Una, dos, tres luces encendidas. Una juega a la disco con un ventilador. Un chico en pijama es un zombi esclavo de su playstation y Karen mira idiota su cara de idiota y fuma. Un cigarrillo, después otro, después otro.

martes, 1 de junio de 2010

Wedding day II: con Naj y Román

ROMÁN!, grita Naj. Y Román no contesta. David asks what our country code is and Román is mute and I interrupt: "54" so Naj won't go all crazy on him. Y yo me quiero ir de esta conferencia bizarra porque nadie se entiende y todos tienen mal humor. Voy a la oficina de al lado a ver por qué Román no contesta y claro: dejó el teléfono en el piso mientras Naj y yo gritamos ROMÁN como dos gallinas turulecas. Como si el otro Román jugara en la selección y estuviéramos rogándole un gol, Naj desde Nueva York y yo desde Buenos Aires.

Wedding day

Me levanto muy temprano para poder prepararme para el casamiento de Angelita y Elnegro. Tengo que sacarme las uñas rosa barbie y ponérmelas rojas. Lavarme el pelo. Secarlo porque hacen cuarenta grados bajo cero. A último momento cambio mi vestido y mis botas largas de señora por una cosita pequeñita y ajustada. Me pinto y me peino y ahora parece que voy a bailar salsa. Perfecto.

El gato maúlla y maúlla para que me apure. No se anima a bajar solo, quizás por el embarazo que le sospecho. "Esperá gato, que me tengo que pintar las uñas y si me apuro la cago". Casi me caigo por las escaleras cuando se me cruza: baja en zigzag y siempre liga alguna patada o un pisotón. Gato tonto. Y cuando el tonto gato llega a su objetivo, come con desesperación leonina hasta que lo distraigo con un ratoncito de juguete y se asusta. Va a sus piedritas y no le emboca. Caga fuera de la caja, mucho. Me mira con auténtico miedo y se pone a tirar piedritas a toda velocidad para esconder sus soretes. Pero Gatito Teté, ¿cuándo yo te reté, para que me tengas miedo, Gatito Teté? La luna todavía alumbra el patio.

-¿Qué hora es, las cinco?

-Por la luna, las cuatro y media. ¿No viste mis aros?

-Nope.

-Dónde podrán estar...

-¿En tu cajita de los aros?

-Ya me fijé: está vacía.

-You are such a disaster, woman.

-I am the goddess of disaster.

-¡Y yo soy el maestro de los rompecabezas!

-¡Hola Elías! ¿Cómo dormiste?

-¡Por qué me preguntás siempre lo mismo má!

-Yo dormí muy bien...

-Hola Dingdong, ¿dormiste con tus regalos?

-No son regalos, son cumpleaños.

-¿Dormiste con tus cumpleaños?

-Sí.

-Chicos, ¿alguno vio mis aros?

-Ay mami mami, sos un desastre.

-I know! I am the goddess of disaster.

Elías me mira con cara de qué loca es mami y le doy un beso. Todavía huele a producto matapiojos mi piojoso malhumorado con ojos de sueños. Dingdong se acuesta en el sillón con su almohadón preferido (que es idéntico al que no le gusta y sólo él sabe distinguirlos) y con una bolsa naranja llena de témperas y plasticolas de colores que le compré ayer para su cumpleaños y me olvidé de esconder y las encontró y ya no se las pude sacar aunque le dije que tenía papel para envolvelas, de su color favorito, y me pidió el papel negro y metió todo en la bolsa naranja de la librería y durmió con sus regalos en la cama después de darme ocho mil abrazos y treinta besitos.

En la calle el frío y el viento se combinan y se potencian, como las malas influencias. Asociación ilícita. Y se convierten en miles de alfileres que me pinchan la cara, se convierten en un peine fino que me tironea para sacarme las liendres. Me gustaría tener una máscara de esquí aterradora, que sea roja y negra como mi vestido, o la máscara de lucha libre de mi hermano, aunque los cordones se me enreden en el pelo.

Tengo la cámara, espero que todos lleven arroz para tirarle a los novios pero con cuidado, para que no pierdan ni un ojo.