lunes, 30 de agosto de 2010

Inside Jokes

Semáforos sociales que nos avisan cuando estamos apartándonos del camino que se espera que andemos. Intervenciones, llamados de atención, amonestaciones y penas.
Cecilia, tus notas no están mal, pero todos sabemos que podés dar más. Así que no vas a aprobar, aunque cualquier otro aprobaría con esta nota. Es mi responsabilidad ayudarte a desarrollar tu potencial.
Ah, es que Cecilia es la ley del mínimo esfuerzo. No sabés lo que era su cuarto cuando vivía en casa. No quiero imaginarme lo que debe ser su casa ahora. No me animaría a aparecer sin avisar por miedo a no encontrar a mis nietos en semejante caos.
El trabajo está bien, pero vos y yo sabemos que podría estar mejor. Dale, ponete las pilas. Y si no querés decime, que hay cuadras de gente que moriría por tu puesto.
¿Qué es esto? ¿Esto son drogas? Cecilia, tus hermanos, tus amigos y nosotros estamos acá porque te queremos. Evidentemente no sos capaz de darte cuenta por vos misma, y si no te lo dicen otros te lo vamos a decir nosotros.
Si no estoy yo nadie come en esta casa. ¿Cómo hacen cuando viajo?
Sí, ¿cómo hacen cuando viaja? Vos no comés, ya sabemos, ¿pero a los chicos qué les das?

A todos esos comentarios una sabe poner cara de nada. Es otro de los superpoderes que vienen en el paquete. Junto con la incapacidad para desarrollar el invisible potencial está la facultad de no inmutarse. Revolear los ojos, reírse un poco y decir bueeeenooooo no me jodan yo soy así.
Pero después hay señales ineludibles. Advertencias que el universo manda en forma de accidentes, expulsiones de colegios y/o trabajos, pérdida de amigos/novios/amantes, y más accidentes.
O de chistes internos.
Esto no lo supe hasta anoche.
Cuando cuatro tatuadores te incluyen en sus chistes internos, podés darte cuenta sin demasiado esfuerzo de que te metiste –otra vez- en problemas. Que el tamaño pasa de grande y se convierte en inmenso. Que esto que estás haciendo es más de lo que pensaste (todos pensaron) que podías hacer. No te habían creído capaz de semejante cosa.
Estoy acostada en una camilla negra, mitad desnuda, mitad vestida. Hugo cerró la cortina para tener privacidad.
Del otro lado de la cortina, que de vez en cuando abro un poco para espiar, llegan conversaciones:
Maxi: -¿Viniste solo o te acompañaron tus padres?
Chico de 17: -Solo. Tengo 18. ¿Te muestro documento, cédula, registro, cédula verde?
Maxi: -No, te creo.
Chico de 17: -¿Y esto va a doler?
Maxi: -No, es chiquito. Va a ser rápido. ¿Está bien acá?
Chico de 17: -Probá un poco más arriba… ahí.
Maxi: -Pero ahí no te lo tapa la ropa. Vos querías que te lo tapara la ropa.
Chico de 17: -¿Y cómo te parece que queda mejor?
Maxi: -Abajo. Pero por decir algo. Me da igual.
Chico de 17: -OK. Hagámoslo.
Maxi: -Avisame si duele demasiado o si te mareás.
Yo: -Si te mareás vení a visitarme y se te vuelve lo macho. O te desmayás del todo.

Con Hugo contamos la cantidad de chicas que pasan por los tatuadores del otro lado de la cortina blanca.
Yo: -¿Por qué ellas terminan tan rápido?
Hugo: -Porque se hacen letritas chinas.
Yo: -Mmm. Sí, oí que pedía un corazoncito.
Hugo: -¿En negro o pintado?
Yo: -No sé. ¿Qué es eso? Duele mucho.
Hugo: -La garra. Pasa que tu espalda es muy chiquita, entonces el dibujo se va para el costado. Y el costado duele más...

Maxi: -¿Y? ¿Se banca? –Los tatuadores entran de a uno para ver cómo sigue el tatuaje y cómo estoy yo.
Yo: -Sólo es dolor físico.
Y dormito arrullada por la vibración de la máquina que, como dijo Hugo, repercute mucho sobre mis costillas. Porque, como dijo Hugo, mi espalda no tiene grasa. Y, como dijo Hugo, mi espalda es muy flaquita. Al final alguien me felicita y le comento que ya me voy al colectivo, a desmayarme.

martes, 24 de agosto de 2010

Pescado podrido

Entonces, la mujer vio que tenía a todos sus ex novios en facebook. Y pensó en la foto que había sacado el sábado anterior, a la orilla del río. A veces se me ocurren ideas geniales, se dijo. 

Puso la foto en facebook y tagueó a todos los ex novios. Y como estaba de un humor especialmente maligno, también tagueó al novio de su ex mejor amiga. Dejá que saquen conclusiones. 

Después se sentó a esperar la cadena de comentarios. 




jueves, 19 de agosto de 2010

y yo hago lo que quiero (mi programa de radio)

a una traffic blanca renegrida camuflada

le cuelga un piolín rojo

que tiene pegado un remito de envío a domicilio

dos docenas de facturas

y ocho triples de jamón y huevo.

lo arrastra sobre los adoquines húmedos de mugre

de forros usados

de pis de perro.

 

en el colectivo por fin llega el calor

en el colectivo por fin siento el sudor

picándome las axilas

transpirándome las manos

mientras vigilo que una niña que juega junto a la puerta

y con la puerta

no pierda una o dos falanges

de alguno de sus dedos tiernos.

 

su madre no la mira

su madre no la escucha

su madre tiene nariz y labios de tonta

parecen una papa y dos almejas.

 

el daño ya está hecho, capitana

me informan las huestes del mal

y sé que el único desenlace posible es el odio

siempre es el mismo, el viejo

el rojo odio

nunca son capaces del desamor

yo me alegro por eso.

 

te dije que podías desahogarte conmigo

que yo podía ser tu almohada

o tu esponja.

puede que lo haya ofrecido de verdad

(porque lo ofrecí de verdad)

pero fue porque estaba

muy

aburrida.

 

estás mirando tu bandeja de entrada

diecinueve sin leer

estás mirando tu bandeja de entrada

esperando

como una viuda a sus nietos cada domingo

esperando

mirando por la ventana de mentira

que el diecinueve se redondee en veinte

que entre esa noticia

ese mensaje

que no va a llegar

en lo que a vos respecta, el remitente no existe

está muerto

enterrado

el cementerio inundado por una tormenta insolente

tu mensaje nunca va a llegar

está embarrado y agusanado

dos metros bajo tierra.

 

el tipo se escapó del pasado

para mudarse a una cuadra de tu trabajo

para que veas cómo arrastra a sus hijos

el mayor cruza la calle suelto

la menor agarrada a su mamadera

sus rulitos saltando

camino al jardín de infantes.

escondete:

va a ser mejor que no te vea

no sea cosa que se te pegue

su cara de desempleado crónico

su olor a cama fría

su celular recalentado.

 

y cuando yo no te escribo

igual te escribo

porque al final

siempre hago lo que quiero.

 

 

 

 

 

martes, 17 de agosto de 2010

¿y la oficina?

blanca, fría, muerta.

pide a gritos un tatuaje

un graffiti

una rebelión de empleadas

o por lo menos un romance

sobre un escritorio

o en la cocina

contra la máquina de café.

ruega que alguien la haga dejar de ser

la jaulita en la que nadie quiere entrar

reza por que alguien suelte una carcajada impúdica

o susurre un secreto de colores.

enciende una vela para que

aunque sea

alguien se sonroje y la haga sentir

que ella también está viva.

lunes, 16 de agosto de 2010

Catnip

Cuando llegamos, vimos que había encontrado la bolsa de las drogas. Se había trepado a la alacena y la había descubierto oculta entre el orégano y el laurel. Las tres bolsas eran idénticas pero ella no necesitó más que el último pedazo de un segundo para escaparse corriendo con la suya.
Al abrir la puerta nos encontramos con los restos desparramados en la entrada. Ella, echada panza arriba en el patio, se miraba las manos mientras las movía muy lentamente con el cielo azul de fondo. Al oírnos dio un salto y corrió hasta la terraza, donde pegó un par de gritos antes de volver a bajar haciéndose la que no pasaba nada. Pero estaba sacada y no podía sostener el disimulo.
Intentó esconderse en una caja de cucharas de madera, demasiado angosta para su cuerpito redondeado. Tuve que ayudarla a salir. Trató de morderme tres veces durante el proceso, pero no pudo alcanzarme por culpa de sus pupilas dilatadas. Dio tantas vueltas y gritó tanto que al final decidimos sin palabras ignorarla como a la tía loca que interrumpe una cena corriendo en ropa interior.
Terminó la tarde hecha un ovillo en el sillón, como un bebé, hasta la noche. Gruñendo entre sueños al que se le acercara demasiado, sin separar sus manitos de su cara.

miércoles, 11 de agosto de 2010

silencio

hubo tantas cosas que querría contarte

hubo un verano en que llovía sólo de noche

y de madrugada

todas las mañanas amanecía con una lagartija y un sapito

charlando en mi pelo

y contando las olas.

podría decirte de las estrellas

que me guiñaban sus ojos

en esas noches sin luna

cuando podían brillar aún más.

o podría hablarte de la luna

que una noche se pintó de naranja

porque el naranja es mi color preferido.

bajo su luz la lagartija se metió en mi baño

puso el tapón, se armó un mar de agua dulce

y nadó en perfume de azahar.

hoy mejor no te hablo

porque sólo te podría contar

que una familia pasó todo el día de rehén de unos chicos con revólver

que otra familia de cinco y perrito se quedó en la calle

y que un auto había estacionado sobre la estrella amarilla de facu.

 

 

 

 

miércoles, 4 de agosto de 2010

Y a los tres años abandonó los estudios


El viernes pasado, último día de las vacaciones de invierno, mientras jugamos con los playmobils:

-Dingdong, sabés que el lunes, dentro de poquitos días, ya volvés a ir al jardín... ¿Estás contento?

-No mami. Ya te dije que no quiero ir al jardín. Que soy muy chiquito para ir al colegio. –Me lo dice con la palma de su manito hacia arriba, subrayando algo que es tan obvio.

-Ajá. Pero ahora que pasaron las vacaciones estás más grande que antes. Seguro que te va a gustar ahora.

-No. No estoy más grande. Antes tenía tres y ahora tengo tres. Así que todavía soy chiquito.

-...

-Voy a ser grande cuando tenga cinco. Yo no puedo ir más al jardín.

 

 

A la hora de la siesta, con su abuela. Está la tele prendida; empieza Almorzando con Mirtha Legrand y anuncian quiénes son los invitados.

-Ah, qué divertido, hoy están los de Malparida.

-¿Malparida en Midta Legán?

-Sí

-¡No puede ser! –con las palmas hacia arriba y los ojos sorprendidos.

-¿Por qué?

-¡Podque no pueden mezcladse los canales!

 

 

Aguafuerte porteña

Mi abuelo (nunca lo conocí) era médico de los hospitales Penna y Muñiz. Tuberculosos. Creo que es por eso que me atrapan las historias que tienen tuberculosos adentro. Un gen.

Y atendía a las obreras de una fábrica de la boca.

Cuando se casó con mi abuela, las chicas de la fábrica juntaron la poquísima plata que pudieron para hacerle un regalo a su "doctorcito" (así le decían ellas). Y fueron al taller de Benito Quinquela Martín y le pidieron un cuadro para el casamiento del doctorcito.

Él les vendió un aguafuerte muy linda (se lo debe haber regalado, por la plata que le dieron a cambio), y ahora no sé quién la tiene pero estaba en el living de mi abuela y un día ella me contó esa historia, que es una historia de amor.