viernes, 29 de octubre de 2010

529

un saco de papas con un paraguas rosado

feo

destartalado
se aleja por la avenida

 

las florcitas blancas que ayer nevaron

más grandes que copos

más pequeñas que conejos

son papel maché en las veredas

 

interrumpidas por las moscas

pegajosas

zumbantes

pastosas

 

un perro salchicha chumba a una jauría chorreante

y se esconde detrás de su dueño

el paseador ordena ¡silencio!

y cesa

hasta la lluvia

miércoles, 20 de octubre de 2010

Ana y el mar

Anita Deveaux, la mejor bailarina de robot de Buenos Aires por lo menos, ya se subió al Barco de la Paz.
¡Buen viaje!

viernes, 15 de octubre de 2010

un poema de douglas diegues

belleza pública bersus belleza íntima

belleza bisíble bersus belleza que ninguém bê

belleza dolarizada bersus belleza gratuita

belleza cozida bersus belleza frita

 

belleza antigua bersus belleza nova

belleza viva bersus belleza morta

belleza magra bersus belleza gorda

belleza em berso y en prosa

 

belleza salbaje bersus belleza civilizada

belleza di dentro bersus belleza di fora

belleza rápida bersus belleza que demora

belleza simple bersus belleza complicada

 

este mundo está ficando cada vez mais horrible

quase ninguém consegue mais ver la belleza invisible

  

jueves, 7 de octubre de 2010

La novia de Aquaman

Igual yo nunca aspiré a ser la Mujer Maravilla. Yo quería ser la Mujer Elástica o la novia de Aquaman. O sea, mujeres inservibles. Y quizás eso explique mi condición de mala madre, pésima esposa, peor amiga. O a lo mejor siempre fui realista, conciente de mi imposibilidad para superar la falta de interés. Todos saben que cuando algo no me interesa, enseguida se me pone cara de protector de pantalla y mi mente se aleja, volando, y después no recuerdo nada, ni siquiera haber estado en ese lugar con esas personas aburridas.
Siempre pensé que la verdad ante todo, y es por eso que no me cuesta reconocerme y aceptarme tal y como soy. Quizás esa sea la mayor de mis virtudes: acepto que no sirvo para nada a tal punto que no hago nada para cambiarlo. Como Aquaman.
Así, hoy decidí terminar con esta farsa e instalé en la computadora de la oficina todos los programas de chat, las redes sociales, todo. No porque me interese chusmear las vidas ajenas: de hecho nunca entro a mirar las fotos de mis contactos, porque sus vidas realmente no me interesan. Ver a hijos ajenos disfrazados de princesas en actos escolares en inglés, o vacaciones de parejas que no conozco en Miami: mirar eso sería morbo puro, y mi morbo pasa por otro lado. Pero me puse online por las dudas, por si pasa algo interesante o alguien me quiere dar un mensaje. Por ejemplo, por no estar conectada le dieron a otra persona el turno que tenía para terminar mi tatuaje y ahora me pierdo la inauguración de la muestra de Adela, la que siempre ríe. Acepto que ya no puedo pasarme la vida tratando de organizar todo todo como si fueran fichas de tetris. Ahora ya sé que tengo que dejar cosas de lado, para hacerlas después, y bueno, intento superar la frustración sabiendo que iré a ver el arte en la semana, con la espalda picándome, y realmente podré apreciar las obras en vez de estar charlando con todo el mundo.
Otra cosa que me traje para hacer en la oficina es la foto del viaje de egresados que encontré en la última mudanza. Panorámica en Bariloche con peinados para el olvido y con personas que de todas formas no recuerdo. Me pasé la mañana clavando alfileres en ojos y despintando caras con la punta de una tijera.

En el trabajo también me gusta revisar la basura porque tengo una obsesión insana con los desperdicios, la huella de carbono y demás temas preocupantes. Creo que en este aspecto no soy tan inútil: me llevo todo tipo de desechos con la intención de convertirlos en algo más, de transmutarlos y darles otra vida. La reencarnación. Mi colección de arte-basura no es tan grande como la pila de cartones, papeles y plásticos que acumulo en casa. Eso sí: las cosas no llegan al basural ni a los mares, así que Aquaman debería pedirles a los cetáceos que me cantaran el feliz cumpleaños, por lo menos. 

Y sin darme cuenta me metí de lleno en la descripción de mis superpoderes. Que no son pocos ni muy útiles.

Tengo una súper incapacidad para escribir letras de tango. El único tema que me sale es el amor perdido, el amor equivocado, el amor entre especies, el amor imposible.

Enseguida me doy cuenta cuando la gente habla mierda, y tengo un superpoder que me impide seguir ideas pretenciosas y vacías. En un buen día puedo ser capaz de mirar a través del charlatán con una sonrisa soñadora y cara de protector de pantalla. En un día normal me voy, me pongo a leer un libro o distraigo al humano próximo siguiente con charlas inconducentes o burlas a la conversación.

Puedo imitar muy muy ¡muy! bien a un poeta que me aburre. Creo que eso es lo que mejor sé hacer. Una noche, en un avión, hice mi show cuchicheando y mi compañero de asiento largó una carcajada tan aguda y resonante que despertó a dos familias de seis. Yo me hice la dormida, porque un superhéroe nunca debe ser descubierto.

También soy capaz de colgar la ropa para que quede sin arrugas (casi) y que no sea necesario plancharla. Como lo demás, esto no me sale del todo bien, y mi familia anda por la ciudad con la ropa un poquito arrugada.

Puedo cazar mosquitos con los ojos cerrados y con una sola mano.

Puedo quemar la cena sin siquiera estar cocinando.

Puedo hacer que me odien a distancia y sin conocerme. Eso, señores, es telepatía y telequinesis puras.

Puedo escribir una montaña de estupideces en cinco minutos. Y hacer que dos lectores se rían.

Puedo decorar tortas de cumpleaños y lograr que la gente crea que mis hijos son reposteros expertos.

Y puedo helarle la sangre a Aquaman y a su ejército submarino con una sola mirada verde, fría y muda.  

sábado, 2 de octubre de 2010

mediodía

luciérnagas noctámbulas vuelan frente al sol
copos de algodón llueven de un palo borracho
golondrinas anidan en las velas de los barcos
peces besan burbujas plateadas
pastos se balancean tiernamente, montados por hormigas charlatanas
intrépidos brotes asoman fluorescentes en ramas maternales
eucaliptos exhalan su perfume astringente
toboganes ríen niños veloces
cumulus nimbus esperan pilotos desprevenidos