domingo, 31 de julio de 2011

La isla en Cuadrivio, con presentación de Frank Báez


Presentación



Frank Báez

Alguien dijo en una ocasión que Buenos Aires era la ciudad del mundo con más psicoanalistas por metro cuadrado. Esto, por supuesto, significa que debe contar con una gran cantidad de neuróticos para compensar esa oferta. Suponía que la capital de los neuróticos era Santo Domingo, por lo que me entraron unas ganas enormes de visitar Buenos Aires y compararla con mi ciudad. Tuve la oportunidad de ir el año pasado. Incluso me alojé en el departamento de un amigo cercano a la famosa Villa Freud. Pasé por allí de noche, cuando volvía, y me quedé viendo, fascinado, como si se trataran de zombis o vampiros, a los neuróticos que paseaban sus perros y retornaban a sus casas. La verdad no eran muy distintos a los de Santo Domingo.
Antes de ayer, leyendo La Isla, primera novela de Cecilia Galli, he vuelto a pensar en esos neuróticos. Ambientada en el Buenos Aires de finales de los noventa, La Isla se encuentra protagonizada por Rita Scoleri, redactora de una revista, que hace lo imposible por no convertirse en neurótica. Ésta logra independizarse finalmente de sus padres y de su ex novio, y se muda a un lindo apartamento que tiene todo excepto la pareja ideal con que sueña y que ella emprende a buscar. Sin embargo, le cuesta dar con él. La vemos deambular por la noche porteña entre neuróticos, quienes, iguales a zombis, la persiguen, la cercan e intentan comerle el cerebro para convertirla en una de ellos. Pero Rita, envalentonada, sigue buscando. Lo único que teme es al futuro, a la llegada del nuevo milenio, cuando supuestamente el Y2K lo destruiría todo y ella se quedaría sola por siempre. Llega el milenio, y aunque no destruye nada, sin embargo sí trae un renacer, un nuevo orden en su vida.
Esto de los neuróticos no es una particularidad de los personajes de Cecilia Galli. En una entrevista realizada a César Aira, éste señala que los escritores de Palermo –barrio donde Cecilia Galli vive– se caracterizan por trazar la neurosis y la hipocondría de sus personajes. Los primeros capítulos de la novela van en clave de escritora de Palermo; es decir, intuimos esa neurosis a la que me refería anteriormente. Sin embargo, hay un punto donde la novela da una vuelta de tuerca: de novela de corte psicológico se transforma en novela de aventuras. Aquí, en este punto, me parece que radica su riqueza, ya que el entorno de Rita se convierte en una metáfora de esa literatura porteña que señala César Aira, y de la que ella intenta escapar para no convertirse en neurótica, en algo predecible o nulo, como un zombi. Para Cecilia Galli, esa literatura debe dejar de mirarse el ombligo y buscarse fuera de su eje para reencontrarse lejos de ese Buenos Aires agónico donde todo el mundo está tan ensimismado por tanto preocuparse y no ocuparse. De esa forma, en busca de nuevas posibilidades, Rita emprende el viaje a la isla para encontrar una descarga espiritual que la haga encontrarse consigo misma. ¿Lo logra? Para saberlo hay que comprar la novela.
Sin embargo, con tal de que los lectores de Cuadrivio conozcan La Isla, su editor ha decidido publicar los dos primeros capítulos de la novela. Los que quieran adquirirla completa, pueden hacerlo en formato electrónico a través de Biblits.
Cecilia Galli es una de las nuevas voces de la literatura argentina. Tiene dos libros en su haber: Karaoke Kiss y Superhéroes. El primero es de cuentos y el segundo es un poemario. Al igual que La Isla, son libros explosivos y divertidos. Sin embargo, es en La Isla donde logra su mejor registro y donde su ingenio, el manejo del diálogo y la versatilidad de su prosa poética están mejor logrados. En ocasiones recuerda a Lorrie Moore, pero a una Lorrie Moore pasada en agua, en estado de gracia. Pero no sólo eso: en La isla, Cecilia Galli ha creado a Rita, un personaje memorable con el que simpatizamos como si se tratara de un amigo o un familiar cercano.
El otro día, hablando con ella, le pregunté si consideraba que Rita Scoleri era su alter ego, a lo que me respondió: «no es mi alter ego en el sentido de que no vive cosas que yo quiera o que haya querido vivir. Pero sí puede que lo sea en cuanto a metáfora de crecimiento, de pasaje. El zambullirse en la realidad y atravesarla, sufrirla, sentirla en la piel, para salir y ser una nueva versión, la versión acabada de sí misma».

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Frank Báez (Santo Domingo, República Dominicana, 1978) es editor de la revista Ping Pong, y autor de los libros de poesía Jarrón y otros poemas (Betania, Madrid, 2004),Postales (Casa de Poesía, Costa Rica, 2008), y del libro de cuentos Págales tú a los psicoanalistas (Editorial Nacional, Santo Domingo, 2007). Con el libro Postales ganó el Premio Nacional de Poesía en el 2009. Lleva un blog en la siguiente dirección: www.frankinvita.blogspot.com.

jueves, 7 de julio de 2011

despertador

eso que cae no es lluvia

y eso que sentís no es felicidad.

¿cómo podrías ser feliz con todo lo que pasa alrededor?

despertate

despertate

eh, ¡despertate!

 

si no me creés, mirá tus pies

estás parado sobre gelatina de cereza

no me digas que no

y cambiá la cara

que te veo sentirla, lamiéndote entre los dedos

mejor.

ahora mirala

¡mirala!

si querés podés probarla

es de cereza

no me mires así

qué, ¿nunca viste gelatina de cereza verde?

 

eso que sentís es miedo

eso que sentís es miedo

eso que sentís es miedo

sacátelo

dejalo tirado en la alfombra como si fuera un disfraz de oso

¿viste cuánto pesaba?

así vamos a entendernos mejor.

 

eso que cae no es lluvia

y eso que sentís no es felicidad.