miércoles, 30 de enero de 2013

El chupacabra

Son las 3.33 y miro las luces azules que forman los números en la caja del cable. Pienso que es el momento en el que van a llegar los aliens. Culpa de un mockumentary que vi una tarde de verano, a sabiendas de que iba a arrepentirme. Y me arrepiento cada noche a las 3.33.
Pero ahora, mientras las luces azules anuncian ese momento, miro Castillos de hielo con Aymara.
Está desvelada y se ríe y me habla, o intenta chupetear la mano de su hermano que duerme a su lado y de tanto en tanto gira en la cama y deja su brazo cerca de su boca ansiosa de bebé en plena dentición.
En Castillos de hielo la gente luce más actual de lo que recordaba. Espero el drama, el momento de la ceguera, que no será tan trágica como pienso que debería ser. Estás por ir a las olimpíadas y por una pendejada te quedás ciega, me imagino que la escena debe ser mucho más grave. Pero no lo es y la película me desilusiona. Lo que es difícil a esta hora en la que solo pasan infomerciales para insomnes.
Infomerciales para Aymara.
Escucho la noche afuera.
Intento oír algo, separarlo del viento que arranca de los árboles las ramas quebradas por la sequía.
Mi vecina del otro lado de la cerca me contó esta tarde que algo está matando sus gallinas. Algo viene por las noches y les mastica el pescuezo. Me lo dice con total inocencia mientras charlamos en el parque, sentadas sobre la tierra seca. Sé que su inocencia es calculada, porque cuando le digo que estamos al principio de una película de terror se ríe. Porque ya lo pensó. Porque ya debe saber que no fue mi gata la que mató a sus gallinas; deben haberlo debatido en familia durante el desayuno.
-En diez días aparecieron tres gallinas con el cuello destrozado. Porque la cosa no se las lleva ni las come, solo las mata y las deja en el gallinero.
-O sea que la que queda ya vio tres asesinatos...
-Sí, debe estar estresada...
-Porque es la próxima. ¿Y si la hacen dormir adentro?
Aunque trato, con Castillos de hielo en mute y Aymara ya dormida, no oigo más que el viento y las respiraciones de mis humanos y de mis animales, que hace varias noches le temen a la oscuridad.
La gallina tiembla bajo el techo de zinc del cobertizo, y espera.

jueves, 24 de enero de 2013

(sin título)


una terraza de paredes calientes
por las que bailan, quemándose laspatitas,
las notas de la marcha escocesa
de baden powell.

catorce plantas de marihuana
y una parrilla oxidada
perfumando el aire
denso de verano

la cotorra
que hace su nido en el techo de lavecina
y que nadie sabe que vive ahí
más que yo

enterarme de la realidad nacional
a través de las peleas de sobremesa
de la familia armenia
que se grita a muerte
cada domingo
después de misa

el olor de la bicicletería
rulemanes y grasa
cadenas y pintura
telas de araña y diarios viejos
de la esquina
igual al del galpón
de la niñez

el reggae que se escapa
por una puerta abierta
a un pasillo helado
donde tréboles enanos
sobreviven entre las baldosas vencidas
por un siglo de zaguán
y les hacen de palmeras
a las hormigas

las risas de los niños

el olor de las rabas fritas
que te ataca mientras descolgás laropa
y hace que abandones la cena
lista sobre la mesa
y te escapes al bar
por última vez

las madrugadas de plaza y gomero
en las que las hojas aplastadas
contra los adoquines
te cuentan historias
de quintas repletas de granadas,
botellas rotas y amores perdidos

el río
el río pintado de hierro y de tierra yde gasoil y de sangre
el río marrón que devora el horizonte
el río que se retira para mostrar sudesnudez de inmundicia
el río que inunda para recordarnos supoder

las noches de plaza y ombú
en las que las hojas aplastadas
se machacan con la sal de tus lágrimas
mientras escuchan tus cuentos
que no tienen futuro
ni pasado
porque ahora sos
un fantasma
que nadie recuerda

quizás extrañe un poquito
a la ciudad de la furia